A veces deseamos reanudar el trayecto a solas, sin reflejarnos en nadie o sin que otros,
-los mismos de siempre-, se reflejen en nosotros.
A veces deseamos partir de cero, soltar amarres, romper esos vínculos que nos anclan
desde el día en que nacemos a un espacio habitado, a una idea preconcebida de algo que
siempre ha estado y está ahí, apuntándonos con el dedo…
Esos vínculos que marcan nuestro destino y nos retratan a través de un prisma abstruso…
(espejos que nos devuelven una imagen fragmentada).
Esos lazos que tejen nuestro destino, que nos amordazan para que no revelemos
nuestra propia verdad.
Y los vínculos que ya no son: los que nos niega el azar.