"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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viernes, 5 de septiembre de 2014

Puerto Metafísico 14 (y último)

...Y vale más andar, aunque descaminado. No pudiendo moverse, uno siempre puede avanzar (en sus ideas, en sus interpretaciones, en sus propios aprendizajes). 
Hay personas que se buscan en la huida y personas que se pierden buscándose. Personas que buscan, como busca dirección la flecha, un destino al que unir el inicio de su trayectoria. 

Por vuestros frutos seréis reconocidos, pero por sus frutos jamás los conoceréis:
Un árbol con todas sus ramas astilladas puede volver a brotar; quizá no consiga dar frutos (maduros), pero será todo un ejemplo de fortaleza y amor.

"Multiplicada vida da la muerte. / Múltiples son los rayos de la aurora."

* * *

viernes, 23 de mayo de 2014

Carrera de fondo



La vida es una carrera que nunca termina / La vida es una carrera que nunca termina // La vida es una carrera / La carrera no termina nunca // Una carrera sin meta / Un cansancio sin meta... // Correr cansa / La vida cansa / El cansancio es meta / La meta atenúa el cansancio / El cansancio pone fin a la carrera / La meta y el cansancio son dos formas de rendición // La vida es una carrera de fondo / Y en el fondo todo cansa (y termina): La vida es una carrera que acaba sin meta. [FIN]

miércoles, 19 de marzo de 2014

Puerto Metafísico 8 (9, 10, 11, 12 y 13)

- Ahora sé que viene lo peor… como la vida: vuelvo a ser consciente de mi realidad. Me convierto en mortal, de un sueño a otro sueño, vuelvo a ser de esta vida. Reanudando siempre. Una marcha indefinida que suena a sol, pero es de bronce. Marcha contenida, como el gesto atrapado bajo un hielo irrompible. ...Temor a que estalle todo lo contenido, (en fuego, mar y aire). 
Un corredor solitario me lanzó una clave. Hoy emerjo del río, digo, sigo mi marcha.

viernes, 7 de marzo de 2014

Puerto Metafísico 7

¡Corre! ¡Correee! ¡No te quedes ahí!
¿Por qué? ¿Qué pasa?
¡Vete! ¡No te quedes ahí! ¡Si te quedas ahí parado nunca llegarás!
¿A dónde? ¿De qué hablas? 
¡Vete! Y no mires atrás.

(...)

Comenzaba a recobrar la conciencia cuando en sus manos cayó una piedrecita despedida de una de las zancadas del corredor. No era una piedra común. La observó detenidamente y notó algo extraño en su superficie... Había una inscripción en letras diminutas. Quiso comprender: palpó las hendiduras con extremada delicadeza, enfocó su vista en ellas y fue deletreando… 
B U S C A  T U  C A M I N O,  N O  T U  M E T A.
* * *

jueves, 20 de febrero de 2014

Puerto Metafísico 6

Al cabo de pocos minutos volvió en sí. Arropado en un agradable ensueño se resistía a despertar del todo. Su imaginación le había trasladado a un lugar remoto: a una aldea entrañable y llena de vida, con sus calles sin empedrar, de tierra rojiza y seca, surcada por las ruedas de los carros destartalados que salían levantando una gran polvareda a su paso... Perros, vacas, gallinas, gatos, campaban a sus anchas en las encrucijadas de los caminos y había que detenerse para pedirles paso y poder proseguir la marcha. A poca distancia, como si todo ocurriese simultáneamente en un espacio minúsculo, corros de niños alegres y saltarines alborotaban el patio de un colegio. Voces, gritos y murmullos, zumbidos de moscas inquietas, se entremezclaban en el ambiente vespertino de un día de otoño, con sus tonalidades encendidas flotando en el aire… Él apareció allí, en medio de todo, pero sin ser visto por nadie. Podía caminar por esas calles libremente, sorteando animales, niños, viejas, carros..., escuchando esas voces cantarinas, de apariencia ancestral. Se había hecho completamente invisible y nadie podía cuestionar su presencia. Así fue a parar a las afueras de la aldea, donde se sentó en un poyo solitario y contempló durante largo rato la estampa apacible. Nada ocurría. Parecía que el tiempo se había detenido definitivamente en aquella hora. La tarde no terminaba de hacerse noche y allá en la lejanía todavía más remota consiguió distinguir la figura de un hombre que corría velozmente por los caminos, como huyendo de una bestia monstruosa. 

(...)

domingo, 16 de febrero de 2014

Puerto Metafísico 5

Aquella voz le resultaba familiar. No tenía rostro ni nombre; era una voz cálida, tenue: otoñal. Vino hacia él sin estridencias y se fue dejando una estela de polvo de mármol rojo que el viento voló descuidado.

No hubo eco. Se quedó absorto, petrificado. Contuvo la respiración. 
Muy atento, a la espera de otra señal sonora, cayó desmayado al suelo.

(…)

domingo, 9 de febrero de 2014

Puerto Metafísico 4

Dos pájaros sobrevolaban la zona atravesando nubes en el aire. Percibió el sonido tenue de una voz que le susurraba al oído:
Vuelve a tus horas felices, porque en ellas hallarás tu verdad. 
Vuelve a tu hogar encendido, de trazos incompletos. 
Ocupa tu edad y tu trono 
porque tú eres tu rey.
* * *

jueves, 30 de enero de 2014

Puerto Metafísico 2 y 3

Una determinación relativa, –piensa. Con cuatro basta, si rebaso el límite volveré al inicio y seguiré dando vueltas sobre el mismo eje sin solución de continuidad... 
Cuatro es el número que cuelga en su pared: un cuatro de trazos gruesos y rojos, como alertando o incitando a la acción. 
Ya lo pensaron los sabios… y ahora lo constatan experimentos almacenados en imágenes computarizadas… (más de cuatro es multitud). Hay un punto en la vida en que es preciso sentir y amar el límite, amar cada una de las posibilidades limitadas en número y forma que nos brinda esta especie de destino semideterminado. Para llegar a puerto y rebasar la curva del número dos solo tengo que fijar mi vista en el horizonte y emprender la marcha. (Hasta que no perciba el cansancio, –piensa–, no determinaré si he avanzado). 

(…)

Han pasado más de diez días y aún sigue en movimiento. La determinación dio paso al cansancio y con el cansancio pudo determinar que estaba avanzando. A cada paso que daba comprendía con mayor exactitud en qué consistía su vida. Al principio sintió el vértigo; luego asumió el error de cálculo y, finalmente, se creyó un proyecto inacabable. Supo entonces que las ganas de ver nuevos horizontes le llevarían a puerto y que, inacabable, inabarcable, inefablemente, su vida habría tenido sentido. 

sábado, 18 de enero de 2014

Puerto Metafísico I

Aun visualizándolo, cree que nunca podrá llegar a puerto. Puerto Metafísico, se dice. En mi mente, casi todo es irrealizable, como una densa niebla que destiñe colores y hace inverosímil la forma de cualquier objeto cercano... 
Interpone una barrera translúcida entre los propósitos postergados y su capacidad de acción. Se confecciona laboriosamente todo un repertorio de angustias y excusas, a modo de muro de contención, para no darse de bruces con las promesas delirantes que un día se lanzó a la cabeza. Ya no me creo, repite desganado. Nada. Pero al mismo tiempo, vuelve a pegar con cinta adhesiva esas ocurrencias sobre el entramado de su muro de contención. Cada día se asemeja más este muro de papel a una pared. Ahora solo queda pintar una puerta.


viernes, 10 de enero de 2014

Azul místico IX

Se alejó de la tela en blanco y fue a fumarse un cigarrillo al otro extremo del taller, se asomó a la ventana que daba a un patio interior por el que podía oírse en la radio de un vecino una canción de amor que hablaba insistentemente del azul del cielo. Decidió que el azar acababa de prestarle una ayuda y que sería el color azul el que predominaría en Puerto Metafísico. Pero le faltaba resolver todo lo demás, el resto del cuadro.
[…] 
Así fue como Julián dio por sentado que, abriéndose camino entre la intrincada maraña de su imaginación, el cuadro de Puerto Metafísico había comenzado felizmente a existir. Pero cuando fue a mirar de nuevo la tela en blanco, se dio cuenta de inmediato de que continuaba sin saber por dónde empezar. ¿Por el azul intenso del cielo? ¿Por un barco que atracaba en un puerto que no acertaba a imaginarse? Sin puerto, ni el cielo ni el barco tenían demasiado sentido. Hizo un último esfuerzo por imaginar el puerto y lo único que logró fue evocar imágenes del pasado que se estrellaron en su cabeza como aviones llovidos de un cielo intensamente azul. Entonces, se consoló diciéndose que aquél sin duda no era su día pero que no pasaba nada grave, ya que después de todo nadie iba a enterarse.

[E. Vila-Matas: El viaje vertical. Fragmento]