"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
Mostrando entradas con la etiqueta insatisfacción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta insatisfacción. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de enero de 2015

Espíritu mudo

"Se quedó mirando larga y fijamente a lo lejos. Aquél era un lugar que conocía particularmente bien. Cuando iba a la Universidad, sobre todo cuando volvía a su casa, se habría detenido quizá unas cien veces justo en ese sitio, fija la mirada en el panorama realmente espléndido y, cada vez, casi sobrecogido por la impresión vaga e indefinible que le causaba. Ese panorama soberbio le producía siempre un escalofrío inexplicable, estaba lleno de un espíritu mudo y apagado para él... Todas las veces le extrañaba esa impresión suya, sombría y misteriosa; pero, desconfiando de sí mismo, aplazaba para más adelante la búsqueda de su explicación. Ahora recordó de pronto con toda nitidez estas dudas y estas perplejidades suyas anteriores y tuvo la impresión de que no era fortuito el que le hubieran acudido a la memoria entonces. Ya le pareció extraño y chocante el hecho de haberse detenido justo en el sitio de antes como si se imaginara que, en efecto, podría pensar ahora en lo mismo que antes, interesarse por los mismos temas y los cuadros anteriores que le interesaban no hacía tanto tiempo. Casi le resultaba absurdo y, sin embargo, se le oprimía el corazón. Abajo, a cierta profundidad, donde apenas vislumbraba lo que había a sus pies, se le aparecía ahora todo el pasado, los pensamiento de entonces, las tareas, los temas, las impresiones de entonces, todo aquel panorama, y él mismo y todo lo demás, todo... Tenía la sensación de remontarse muy alto y de que todo desaparecía a sus ojos... Hizo un movimiento involuntario con la mano y notó la moneda de veinte kopeks apretada en el puño. Abrió los dedos, contempló fijamente la moneda, tomó impulso y la arrojó al agua, luego dio media vuelta y emprendió el camino de su casa. Le parecía como si, en ese minuto, hubiera cortado con unas tijeras el hilo que le unía a todos y a todo."

martes, 25 de noviembre de 2014

El canon de la sensatez

Se suele decir que sobran las palabras, amigo…
¿…que sobran las palabras? Pues yo sigo echando en falta una buena conversación, 
(al menos dos veces por semana…).
¡Qué razón tienes! [...] Yo siento nostalgia de todo lo que un día callé sensatamente… 
…puesta ya la censura de la corrección y la mediación de los meses que van transcurriendo, poco se puede hacer, amigo... (el tiempo lo cura casi todo a fuerza 
de irlo matando…).
Claro.
Seguimos con esta norma de lo correcto y apropiado, mi buen amigo…
Será eso: el canon de la sensatez borreguil, la adecuación al contexto…
Será, será… ¿qué nos queda esperar después de todo?
Poca cosa.
Habrá que mantener la compostura.
Habrá, habrá…
Ser un sin-fondo.
Eso es…
…y un sin-sangre, amigo, un sin-sangre
(…)

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Prenem mesura, per fi

¿Qué ocurre?
Pues que me ha pasao una cosa... que creo que me va a reventar la cabeza de tanto darle...
¿No habrás hecho ninguna tontería?
No, no, amo, todo lo contrario... el Duque de Alba, que se ha cruzao en mi camino y, mire por dónde, le he salvao la vida.
¿...que le has salvado la vida al Duque de Alba?
Y me ha ofrecido trabajar pa él... y lo que es peor: que quiero aceptar.
¿No estás bien aquí?
No, no es eso... lo que pasa es que el duque me ofrece la posibilidad de ser alguien respetable.
Sátur, eso no lo da un trabajo: el respeto se lo gana cada uno.
Claro, eso es muy fácil decirlo... usted es maestro y además es el Águila Roja, pero yo soy... ¿qué soy yo? ...no consigo ser ni nada ni nadie en mi vida... Yo de lo único que me siento orgulloso es de ser su escudero, pero eso ni lo sabe nadie ni lo sabrá nadie nunca.
Pero lo sabes tú y eso debería bastarte.

[Conversación entre Sátur y Gonzalo en un capítulo de la serie Águila Roja]

jueves, 23 de octubre de 2014

My own Recipes (nº4)

En tierra do los vicios van tan llenos,
aquellos hombres que no son peores,
aquellos pasarán luego por buenos.

Yo no ando ya siguiendo a los mejores;
bástame alguna vez dar fruto alguno;
en lo demás, conténtome de flores.

No quiero en la virtud ser importuno,
ni pretiendo rigor en mis costumbres;
con el glotón no pienso estar ayuno.

La tierra está con llanos y con cumbres;
lo tolerable al tiempo acomodemos,
y a su sazón hagámonos dos lumbres.

[Juan Boscán]

AMÉN 
[del siglo XVI a octubre de 2014]

lunes, 20 de octubre de 2014

Useless pretentions

While you wait for the others... to make it all worthwhile 
All your useless pretentions... are weighing on my time



While you wait on the answers... that I'll pretend to find 
Keeping up with emotions... still occupies our time
[...]

viernes, 17 de octubre de 2014

My own Recipes (nº3)

Busca la corrección en lo irreparablemente imperfecto. 
(Otra de las paradojas del ser humano).

1. Hay cosas que se nos asignan casi desde el momento en que nacemos (no quiero caer en el determinismo eximente o en el victimismo desalentador) y que poco o nada podemos hacer a lo largo de nuestra vida para modificarlas o procurar su perfeccionamiento. 
2. Hay otras cosas que torpemente fastidiamos a lo largo de la vida y que poco o nada podemos hacer para corregirlas una vez se tuercen. 
3. También hay otras cosas que se nos estampan en toda la cara en un momento dado de la vida y que poco o nada podemos hacer para modificarlas o eliminarlas de un plumazo.

Hay circunstancias que tristemente no podemos "salvar" porque nos superan en naturaleza, tamaño, fuerza, complejidad... Estas tres generalizaciones expuestas sirven de ejemplo. No obstante, más frecuentemente de lo que desearíamos, nos focalizamos en ellas como si fuéramos grandes mentalistas y pudiésemos hacer magia de la buena para cambiarlas. El fin último de este empeño se me revela en forma de intuición: nada de lo que hacemos –de lo que inventa la mente humana– es gratuito (según las últimas estimaciones cerebrocentristas), todo tiene su razón de ser aunque vaya radicalmente en contra de nuestros ideales de belleza y bondad, o de nuestro anhelo (mucho más racional que emocional, si me permiten esta falsa dicotomía) de felicidad. Seguro que quien esté leyendo estas líneas también lo sabe. Todos podemos intuirlo porque es connatural al ser humano: el movimiento es generado (casi siempre) por un estado permanente de insatisfacción

Simplificando casi pornográficamente una cuestión tan delicada, podría decir que la insatisfacción es esa implacable sensación que a muchos eleva hacia la cumbre y a otros arroja hacia un abismo infinito y sin red. Los elevados a menudo se nos presentan como modelos de conducta, seres míticos que son aclamados por la gran minoría fluorescente y ruidosa. Los arrojados, sin embargo, no se nos presentan porque están lejos de la visibilidad, aunque, paradójicamente, tendrían mucho más que enseñarnos que los elevados. (Establezco esta comparación antitética sin ningún rigor ni meticulosidad, con el único fin de elaborar una metáfora visual y manejable). Entre los elevados y los arrojados está (¿estamos?) la inmensa mayoría de los mortales, unos más ruidosos que otros, pero, en suma, seres adaptados a su circunstancia, cuya insatisfacción es tolerable en dosis más o menos moderadas.

Simplificando deliberada y obscenamente una cuestión tan delicada, también podría decir que la insatisfacción, en una mente sin profundas heridas emocionales, hace caminar al cuerpo siempre hacia adelante; mientras que en una mente dañada y vulnerable, hace caer al cuerpo siempre hacia abajo.
[Añadir a este punto la variable circunstancial "exógena" de cada individuo aumenta de forma exponencial las posibilidades combinatorias que intento simplificar burdamente].

La insatisfacción no es como una aspirina, más bien es como un dolor de cabeza. La circunstancia es disponer o no de una aspirina, ser o no alérgico al acído acetilsalicídico, tener lengua para tragar la pastilla o saber que necesitas tomar una aspirina (entre otras múltiples opciones).Una cuestión fundamental es saber manejarse e incluso "mejorarse" pese al inconveniente sintomático; pero lo verdaderamente esencial es ser consciente de que el dolor de cabeza no es producido por la falta de aspirina.