"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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miércoles, 14 de mayo de 2014

A figure in a blue dress

When I was younger, I saw a woman walking down the street near my house. I vividly remember her dress… she looked like a blue bird, a beautiful bird flying over the sidewalk. I tried to get closer to her, but she ran away so quickly… I couldn’t see her anymore, but I was able to catch from the ground a little piece of her blue dress… (she probably never knew her dress had a tire in it…). And now, when I feel lonely, I imagine flying with that piece of wing so far away from here, and I smile inwardly.

domingo, 21 de octubre de 2012

Para ver necesitamos luz

La luz entra hasta el fondo del ojo. El cerebro interpreta los impulsos nerviosos que se han generado a través de las células fotosensibles de la retina. La luz se hace imagen. La imagen se hace estímulo, y el estímulo, impulso. El impulso se interpreta y la interpretación se hace consciente; entonces percibimos la realidad que se despliega ante nosotros. Asombroso: un proceso que se desarrolla de forma inconsciente, -como la mayor parte de los procesos orgánicos a los que nos vemos sometidos-, que pasa tan desapercibido, y que, sin embargo, es tan importante a la hora de interpretar el mundo tal y como se nos representa. Como ocurre la mayor parte de las veces, sólo comenzamos a valorar este tipo de mecanismos cuando se produce algún fallo o alguna anomalía en él. Es habitual no prestar atención a algo que funciona bien y sí hacerlo cuando deja de funcionar o funciona sólo a medias. Nuestra forma de interpretar el mundo es muy peculiar, casi tanto como nuestra manera de convertir la luz en imágenes. Mediante un minucioso proceso selectivo conseguimos filtrar unos estímulos más que otros. Diversas experimentaciones han podido verificar que prestamos mucha más atención a lo menos bueno que a lo menos malo. Nuestros recuerdos o asociaciones negativas poseen más preeminencia que las positivas, con lo que se necesita una cantidad considerable de voluntad para saber o aprender a apreciar lo positivo. Estamos diseñados para sobrevivir adaptándonos al entorno, aunque sea a costa de nuestra propia felicidad. Del mismo modo que para ver necesitamos luz, para conseguir prestar atención a lo menos malo hace falta una pequeña dosis diaria de buen humor y fuerza de voluntad.

viernes, 15 de junio de 2012

Ars longa

Caminando por los pasillos de un colegio me di de bruces con este cartel: 

Hubo un tiempo en que los entendidos en Comportamiento Humano aconsejaban que tuviésemos siempre a mano una frase que nos animase a perseverar en momentos de zozobra… Decían que era muy positivo escribir para uno mismo, en una lámina de papel más o menos pequeña, una frase alentadora que nos motivase nada más fijar nuestra mirada en ella. Creyendo en el poder de sugestión de la palabra escrita, rellené cientos de folios durante mi adolescencia, pero al final sólo colgué un mensaje en la pared: Ars longa, vita brevis. 

Al observar este cartel realizado por alumnos de un colegio de primaria, siento la necesidad de volver atrás en el tiempo y forrar con cartulinas las paredes de mi adolescencia. Pintar un corazón grande y rojo en el centro y rellenar las letras con rotulador azul. Porque, después de todo, sólo era cuestión de caminar.

lunes, 11 de junio de 2012

Azul místico IV

"(...) El pájaro azul era el pobre Garcín. ¿No sabéis por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fue un simple capricho. Aquel excelente muchacho tenía el vino triste. Cuando le preguntábamos por qué, cuando todos reíamos como insensatos o como chicuelos, él arrugaba el ceño y miraba fijamente el cielo raso, y nos respondía sonriendo con cierta amargura:
-Camaradas: habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro; por consiguiente...
(...) A veces Garcín estaba más triste que de costumbre.
Andaba por los bulevares; veía pasar indiferente los lujosos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparte de un joyero sonreía; pero cuando pasaba cerca de un almacén de libros, se llegaba a las vidrieras, husmeaba y, al ver las lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente; para desahogarse, volvía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros, conmovido, exaltado, pedía su vaso de ajenjo, y nos decía:
-Sí, dentro de la jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul que quiere su libertad..." 
Rubén Darío

martes, 22 de mayo de 2012

Azul místico II

El azul, cuando se apaga, se vuelve taciturno y nostálgico. Es un blues que suena en mitad de la noche. El azul melancólico podría ser el color de los románticos que se dejan arrastrar por un sentimiento trágico ante la visión de un amor inalcanzable, pero yo creo que la melancolía se acerca más al naranja, porque un paisaje sosegado de otoño refleja de un modo más sutil la tristeza resignada y atávica del hombre. Lars von Trier retrata su particular Melancholia en azul. Un azul luminoso que sigue siendo igual de bello, a la vez que inquietante y destructor... 

Sin embargo, el color púrpura es el melancólico por excelencia, quizá por ser el resultado de la combinación de matices rojos y azules, (eternos rivales en un sistema petrificado de alegorías).

domingo, 29 de abril de 2012

Azul místico I

El azul pertenece a la gama de colores fríos, que llaman colores retrocedentes, pues se corresponden con procesos de pasividad y debilitación. Para muchos, el azul es el color del pensamiento (los egipcios identificaban el azul con la verdad), y habitualmente se le relaciona con el cielo y el mar (altura y profundidad), digamos, más bien, que esta es su asociación esencial, a partir de la cual, se establecen otras secundarias, como la del azul claro, (al cielo y día, al mar sereno); y la del azul oscuro, (al cielo y noche, al mar tempestuoso). Se establece una dicotomía entre la sombra y la luz: el azul oscuro se asimila al negro (noche) y el azul celeste, al blanco (día). Leí hace tiempo que el azul es el atributo de Júpiter y Juno, dioses del cielo, y por ello simboliza sentimientos religiosos, devoción, inocencia…

Frío, retroceso, pasividad, debilidad, pensamiento, verdad, cielo, mar, altura, profundidad, devoción, inocencia...
Cuando me preguntaban qué color era mi favorito, siempre contestaba que el azul, (hubo un tiempo en que estaba muy de moda entre las niñas el azul turquesa…). Con el paso de los años me decanté por el cyan porque era un término más rimbombante. Luego lo volví a llamar azul a secas. Ahora me detengo ante el azul cobalto y le guiño un ojo. Me sigue encantando el azul, pero cada día me aproximo más al naranja: 
su complementario.  

miércoles, 8 de junio de 2011

Coloreando (Segunda parte)

El azul es el color del espacio, del cielo y del mar. El color del pensamiento, de lo infinito. Es un color que inspira tranquilidad, confianza, sosiego y firmeza; transmite frescura y limpieza.
En esta imagen contemplamos el azul en el cuerpo de una mujer que sujeta un yogur desnatado, curiosamente de manzana… El desnudo azul de Eva, (inquietante simbiosis):

Coloreando (Primera parte)

Hace no mucho tiempo leí en algún sitio que el color es básicamente emoción. Yo no sé hasta qué punto los colores que percibimos en nuestro día a día son pura emoción, pero es fácilmente demostrable que el color transmite estados emocionales. La percepción de un color es tremendamente subjetiva y por tanto, el significado que le demos a un matiz determinado no puede ser universal. Podríamos sobrevivir percibiendo la realidad únicamente en blanco y negro, -como hacen los tiburones-, sin embargo, nuestro sistema visual está diseñado para percibir los tres colores-luz (verde, rojo y azul) y sus múltiples combinaciones posibles. De ahí se puede extraer la conclusión de que la percepción que el ojo humano hace del universo cromático que le rodea no es ni mucho menos superflua o gratuita, más bien al contrario: termina siendo sustancial y juega un papel muy importante en nuestro bagaje emocional.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:

El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.



En estas dos imágenes se muestra claramente la ambivalencia simbólica del amarillo: por una parte, el color del oro, el destello luminoso, nos invita a contemplar un paisaje árido, inquietante, en que la silueta de un niño desnutrido imagina un plato vacío de comida; es la campaña de Manos Unidas contra el hambre: SU MAÑANA ES HOY, reza el texto que acompaña a la imagen. Por otra parte, el color de la riqueza y de la abundancia, nos invita a disfrutar de la vida bebiendo con moderación: ¡ENRÓLATE!, dice este anuncio de 1990, rescatado de mi archivo particular de imágenes…

5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.

(…el sol ilumina para unos pocos y quema para el resto…)