"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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martes, 17 de febrero de 2015

[o apago el reloj o no me relajo]

Rafael Lechowski: Artesano de arte insano----->[ESCUCHAR]

"En este país todo el mundo tiene obligación de ser algo. Es como si alguien hubiera escrito una regla que dijera que todos tienen que hacer algo, todos tienen que ser algo. Yo a veces me aburro de pensar en todas las cosas que no quiero hacer, las cosas que no quiero ser...
"This is a world where everybody's gotta do something. Y'know, somebody laid down this rule that everybody's gotta do something, they gotta be something. You know, a dentist, a glider pilot, a narc, a janitor, a preacher, all that... Sometimes I just get tired of thinking of all the things that I don't wanna do. All the things that I don't wanna be. Places I don't wanna go, like India, like getting my teeth cleaned. Save the whale, all that, I don't understand that." 
Henry Chinaski, (Barfly, 1987).

lunes, 12 de enero de 2015

No one I think is in my tree

Estamos por debajo, fingiendo normalidad.
Legos, tramos en balde. Bandos y ataques desproporcionados abonan nuestros Campos de Fresas.

El remordimiento es estéril: 
(Esa es la Primera Lección). 

Todo lo demás será el tiempo que nos quede para dar el Gran Salto.

[...I mean it must be high or low... that is you can't you know tune in... But it's all right... that is I think it's not too bad...]

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Prenem mesura, per fi

¿Qué ocurre?
Pues que me ha pasao una cosa... que creo que me va a reventar la cabeza de tanto darle...
¿No habrás hecho ninguna tontería?
No, no, amo, todo lo contrario... el Duque de Alba, que se ha cruzao en mi camino y, mire por dónde, le he salvao la vida.
¿...que le has salvado la vida al Duque de Alba?
Y me ha ofrecido trabajar pa él... y lo que es peor: que quiero aceptar.
¿No estás bien aquí?
No, no es eso... lo que pasa es que el duque me ofrece la posibilidad de ser alguien respetable.
Sátur, eso no lo da un trabajo: el respeto se lo gana cada uno.
Claro, eso es muy fácil decirlo... usted es maestro y además es el Águila Roja, pero yo soy... ¿qué soy yo? ...no consigo ser ni nada ni nadie en mi vida... Yo de lo único que me siento orgulloso es de ser su escudero, pero eso ni lo sabe nadie ni lo sabrá nadie nunca.
Pero lo sabes tú y eso debería bastarte.

[Conversación entre Sátur y Gonzalo en un capítulo de la serie Águila Roja]

martes, 7 de octubre de 2014

La Gran Niveladora

Ayer por la tarde se constató el primer contagio del virus ébola en Europa, más concretamente en Madrid, marca Spain, sello toro-turismo y tele-mierda. Madrid, capital de Spain is different, capital europea de los chorizos con tar-jetas black y trajes que darían de comer a diez familias desahuciadas durante meses. Como otro capítulo de Los hombres de Paco, (de los más desternillantes, por cierto) o semejante al gato de voz atiplada que se mofa del “débo-la” a través de mensajes de “guasaaa-p”, pero esta vez en carne y hueso: el virus se ha hecho realidad tangible en este otro lado del mundo, ha traspasado la frontera de la ciencia ficción que suelen ser los otros (llámense africanos, llámese tercer mundo) y se han disparado todas las alarmas, encendido todos los focos, rasgado las vestiduras… (¿con razón?). 
Me sorprendo, sí, ¿cómo no, señor político?, me indigno soberanamente, señor consejero; me asqueo y se me revuelven las tripas, don directivo iletrado, ante la falta de previsión y recursos –nueva y dolorosamente- de este desgobierno o panda de desinformados carentes de autocrítica que venden a sus madres por un puñado de eufemismos con los que desviar la atención mediática… Me asqueo y se me revuelven las tripas, don usted, ante esta panda de ignorantones que manejan nuestros hilos al albur del viento que les sople en la cara o a cambio de un fajo de billetes, de un sueldo suculento y una pensión vitalicia. Me asqueo y se me revuelven las tripas, señor usted, ante tanto pijo indolente que en vez de pensar, de indagar, de sopesar alternativas, de buscar buenas soluciones, de consultar a expertos, de anteponer lo importante a lo accesorio, de PREVER y PROVEER, de invertir dinero en lo esencial y prioritario, se rigen por la ley del mínimo esfuerzo y se van de rositas de la escena del crimen que ellos mismos han perpetrado... 

No quiero caer en la generalización, ¡detesto las generalizaciones!, pero a veces, y sobre todo en estos asuntos, es inevitable. Confío, quiero/deseo creer, en que haya gente competente, concienciada, que luche por mejorar las cosas y que se implique realmente en su trabajo, pero siento que esta es, para muchos, la gota que colma el vaso.

Recomiendo la lectura de esta CARTA remitida por un enfermero del Hospital La Paz, (está fechada el 10 de agosto)
También recomiendo este AUDIO para más información sobre el ébola.

La muerte (o su antesala en forma de enfermedad letal) es siempre la gran niveladora.

lunes, 14 de julio de 2014

[La nana que yo canto]

   "El río, la rata, por mi madre que hoy me saco to' las garrapatas. 
   Respira profundo, que no te importe la cloaca. 
   Este mundo es perfecto... Da, da, dale... pataitas a la lata. 
   Si no lo haces tú, dime quién te ata. 
   Pa' fuera los colores, la corbata. 
   Quejarte y hozica' no te sirve de na'. 
   Como sucedáneos, en el ultramarino 
   a este mundo vinimos, si, pero ¿qué hicimos?
   Lo mediocre justifica a lo divino. 
   Y qué le digo yo a la abuela, ¿que cerraron ya las escuelas? 
   Monto un caballo sin espuelas: él me deja que
   lo monte (porque lo trato bien). 

Hace rato ya que desaparecieron los modales; los modelos a seguir son 4 subnormales. 
Y todavía somos hermanos. (...) No voy a llora', porque así no se consigue na'. Y yo soy caprichosa, quiero llegar a mi choza, y tener agua (agua). ¿Cual es tu guerra? Si te mueres, te entierran. La nana que yo canto me la inspira la niebla, sobre la tierra. ¡Que me corten la cabeza si no me funciona! ¿Cuántas te quedan? Di... ¿8 neuronas? Plasma, Benz, Hilfiger y otros antojos... Ya os veo, ya, convertidos en rastrojos. ¡Pingajos! con esos despojos sobre los hombros. Hombres y mujeres equivocados: comiendo la ración entera de un bocado. (...) Bajo el sol somos lo mismo... Y si no nos desnudamos, y si no bailamos, y si no comemos, y si no reímos, y si no follamos, y si no cagamos, ¿en qué nos diferenciamos? ¿En qué nos parecemos? ¿Por qué nos matamos? (...) ¿Por qué tienen sed? ¿Por qué? Si teniendo agua, no se la damos... son solo niños. El presidente cabrón esta ahí ¡porque lo votamos! (...) Abro la ventana, siento el aire moviendo mis ramas. Mundo mío estás tocándome la membrana... (Qué se vendió más barato, ¿el jako o la manzana?). Cualquiera puede amarme, cualquiera matarme, cualquiera sentenciarme, pero, ¿quién me libera? No existe enfermedad certera. 
Todo esto es puro cuento."

La Mala Rodríguez. 2013

lunes, 28 de abril de 2014

Cuando se acabe el baile

Cansado de pensar / y de pagar, / de trabajar, / (no encuentro la salida). 
Cansado de mirar / a un sol que me deslumbra, / sintiéndome una hormiga. 
Cansado de guardar / en un baúl / mis últimos deseos. 
Cansado de pedirle al corazón / que deje de latir o que se extinga / perdido entre mis dedos. 
Cansado de lavar / cada semana / un cesto de disfraces.
Cansado de saber que nunca gano, / que no se gana, / que no hay manera de salir de la desgana. / Que todo me rodea y ni me toca, / que siempre habrá paredes que me atrapen, / que no me gusta estar atado / y si me paro resbalando con mis dientes / en una fruta / que ya no crece ni me muerde. 
Señales... 
Y caen las palabras, caen / sobre almohadas / altísimas, / terribles, / infinitas, 
y cubren el paisaje de animales / feroces como máquinas, / incrédulas imágenes sin vida. 
Decido no saber / lo que va a ser, / igual que ayer / e igual al mes que viene... 
que algo hice mal y no sé el qué, / pero sería atroz porque la gente / se aparta con desdén al verme. 
Cansado de fumar, / de rellenar / la copa con excusas, 
que soy lo mismo a lo que soy, / ni me resigno, / ni me comparo, / ni me imagino.
No pido explicaciones / ni hago preguntas. 
Cansado de bajar / la tapa del retrete / a fuerza de renuncias.
Desde donde estamos hasta aquí / no lleno la nevera, / no bajo tu equipaje, 
OFREZCO DUDAS. 
Cansado / como un atleta que se rinde, / como una hoja que se cae.
Cansado / enciendo un cigarrillo con sorpresa, / sin obtener a cambio más que un traje. 
Cansado / esta mañana / no habrá despertador, / no tomaré en el ascensor un poco de aire.
Cansado / me dormiré / hastiado de café.
Mi pantalon no aguanta tanto encaje. 
Tendré que decidir / adónde quiero ir 
cuando se acabe el baile, 
cuando se acabe el baile, 
cuando se acabe el baile.

[Frank T: Desde donde estamos, hasta aquí. 2010]

lunes, 18 de noviembre de 2013

Lucha de egos IV (o Negando la muerte)

Hace poco leí que la ficción de eternidad en la que vivimos termina por volvernos locos. Más de uno me dirá que esto es bastante obvio, pero apenas se habla de ello últimamente. Como dije en otra ocasión, parece que en estas sociedades ultramodernas en las que nos movemos poco importa la muerte o demás “excepciones” en que se han convertido acontecimientos terriblemente habituales como la enfermedad, el despropósito o cualquier tipo de catástrofe natural. Nos hemos habituado a considerar que la vida permanece en una especie de despreocupada juventud, por todo lo que nos lanzan los medios, por todo lo que nos han enseñado desde niños, de un modo muy sutil y creo que sin querer... Seguimos considerando la muerte como un accidente, como algo evitable. Sí, sí, ya sé que muchos dirán que eso no es así, que la gente es plenamente consciente de que tarde o temprano va a morir en mejores o peores circunstancias, pero si esto fuera cierto creo que ya se habría desmontado hace tiempo este modelo de sociedad en el que vivimos basado precisamente en esa idea de eterna permanencia...

Uno de los motores del consumismo exacerbado (que no el único) es la negación de la propia muerte. Si viviésemos para siempre o durante una buena y prolongada temporada, tendríamos que cuidar más de nuestras “cosas”, de todas las pertenencias que hemos acumulado con el paso del tiempo (vivienda, coche, electrodomésticos, dispositivos móviles inteligentes...). Nos volveríamos más codiciosos, más competitivos y estaríamos constantemente necesitando nuevos artilugios para entretenernos... Lucharíamos con ímpetu por mantener a flote nuestro modus vivendi, por defender a capa y espada nuestra imagen social, nuestro prestigio y valía, nuestros logros profesionales y sentimentales... Todas nuestras responsabilidades se harían gigantescas. Cada grano de arena se convertiría en un saco de cemento, y todo lo pequeño cobraría dimensiones monstruosas… 
¿Les suena este panorama? 
Algo me dice que así es como nos quieren hacer ver la vida quienes realmente sostienen, defienden y promueven esta desajustada percepción de la realidad. Es la nueva religión inoculada desde no se sabe muy bien dónde y por no se sabe muy bien quién y de la que, desgraciadamente –o no–, casi todos somos partícipes.

jueves, 4 de julio de 2013

Lucha de egos (Tercera parte)

Se está lanzando un mensaje muy peligroso por parte de algunos “intelectuales”, economistas, predictólogos varios… Más o menos vienen a decir que, de aquí a unos años, sólo se salvarán de esta crisis los mejores, los más “preparados”, los más competitivos, listos y guapos… los más de lo más… 
¡CUIDADO, POR FAVOR! ¡NO HAGAN CASO! 
¡La mediocridad es la mayor y más potente de las realidades!! 
Por encima de todo debería estar nuestra dignidad como seres humanos, no como competidores, productores y consumidores feroces… 
¡La mediocridad existe, señores predictólogos, igual que existe la enfermedad, la incapacidad, la fatalidad, el despropósito y todas las normas que nos quieren hacer creer que son excepciones!

…Me parecería aberrante creer en una sociedad donde sólo tuvieran sitio los “mejores”.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Lucha de egos (Segunda parte)

Observo con cierta pasividad el panorama que se nos presenta y preveo el que se nos impondrá en un futuro inmediato. Todos hablamos de crisis, de “la crisis”, y luego cada uno le añade un complemento que acote su significado. Dependiendo del lugar que ocupemos dentro de este sistema que parece desplomarse de un momento a otro (si es que se tiene la suerte de ocupar un lugar específico), sostendremos una opinión o su contraria, pero, cierto es que, conforme avanzan los acontecimientos, casi todo el mundo coincide en una visión pesimista de la realidad presente y de su consecuencia futura (al menos a medio plazo).

Observo también con bastante asombro, cómo muchas de esas personas que dicen verlo todo negro no vacilan a la hora de decidir qué hacer al respecto, (probablemente porque ni tan siquiera se lo plantean de un modo consciente). Siguen con sus vidas haciendo prácticamente lo mismo que hacían hace cuatro o cinco años, pero mostrando estar muy pero que muy enfadados con todo aquello que suene a crisis. Al fin y al cabo, todo depende, insisto, del lugar desde donde uno perciba los acontecimientos y de las funciones que desempeñe en la sociedad. No es lo mismo vivir la crisis con un salario mensual más o menos garantizado (más o menos recortado) que vivirla desde la indigencia absoluta o desde una indigencia camuflada. Por otro lado es lícito actuar así porque no deja de ser humano: uno puede tener una conciencia social más o menos acentuada pero, yéndonos al extremo, ante el dilema de dejarse morir para que otro viva o vivir para que otro muera, pocos eligen lo primero y supongo que esos pocos que a lo largo de la historia han tomado esta decisión no habrán podido dejar tanta descendencia como los que optaron por lo segundo. (Aparte quedan los que opinan que todos podemos vivir igual de bien por los siglos de los siglos, amén). Al fin y al cabo, parece que inevitablemente los asuntos humanos se vuelven a reducir a lo mismo: la lucha de egos (no necesariamente vivida de un modo “humanamente” consciente), piedra angular de la selección natural como cambio evolutivo de todo bicho viviente. Quien mantiene la ilusión de ser mejor de lo que en realidad es (ficción consustancial al ser humano), es quien tiene más opciones de sobrevivir y dejar descendencia en tiempos de crisis. Quien sostenga una visión de sí mismo algo más realista (la excepción que confirma la regla) tenderá a asumir ese pesimismo generalizado como propio, dejando que haga mella (inconscientemente) en su día a día, y, por tanto, restándole capacidades, fuerza y deseos de reproducirse (o de recrearse en otros). 

De todos modos, no creo que estas generalizaciones sean el reflejo de la realidad, porque lo más probable es que constituyan otra ficción verosímil aceptada comúnmente. Sin embargo, no deja de asombrarme el hecho de que prácticamente todos hemos estado (o estaremos) a lo largo de nuestra vida en uno u otro lado de la balanza, contando una u otra versión de los hechos, según sean las circunstancias que vivamos. Supongo que, después de todo, cada cual se convence de lo que quiere, y, como se suele decir: la vida sigue.