"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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domingo, 7 de junio de 2015

Pichoncito triste





Pichoncito triste: 
puedes quedarte conmigo. Tú eres pequeño y amable, aunque te dé vértigo volar. 
Hoy puedes quedarte 
y mañana y pasado: 
Todo el tiempo del mundo.

Pichoncito triste, hoy puedes quedarte.

Quédate.
(Y mañana buscaremos el nido).

miércoles, 1 de abril de 2015

Lucha de egos 7 (Reprise)

    Siempre andaba como perdido, buscando el rastro mínimo de tierna falibilidad, el indicio concluyente 
de humanidad o torpe desenvoltura en sus interlocutores más queridos. Buscaba incansable   –en cada gesto inconsciente- para hallarse en otros.
     Se esforzaba por complacer y por agradar (aunque no fuese complacido ni agradecido). Le disgustaba no gustar (pero sabía que para gustos no hay nada escrito). Se esforzaba por quedar bien: felicitaba cada año a cada uno de los miembros de su familia, a cada amigo, conocido en la distancia (cumpleaños solo). Un escueto mensaje para recordarles que seguía ahí-vivo en la distancia. Que seguía ahí, felicitando sin que 
nada le hiciera verdaderamente feliz.  (...)

     Un día se cansó y dejó de felicitar para felicitarse el año que nunca llegaba. Dejó de escribir mensajes impostados y tiró el móvil por el balcón. 
Aquel día recobró la conciencia del paso del tiempo   
y de la vida toda.  

Pero nunca dejó de buscar.
Esta búsqueda -se decía- me redime.
...  [28.02.14.]

viernes, 21 de noviembre de 2014

Busca el árbol y encuentra las raíces


El Meswy: Madre patria, (Tesis doctoral, 1997)

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Prenem mesura, per fi

¿Qué ocurre?
Pues que me ha pasao una cosa... que creo que me va a reventar la cabeza de tanto darle...
¿No habrás hecho ninguna tontería?
No, no, amo, todo lo contrario... el Duque de Alba, que se ha cruzao en mi camino y, mire por dónde, le he salvao la vida.
¿...que le has salvado la vida al Duque de Alba?
Y me ha ofrecido trabajar pa él... y lo que es peor: que quiero aceptar.
¿No estás bien aquí?
No, no es eso... lo que pasa es que el duque me ofrece la posibilidad de ser alguien respetable.
Sátur, eso no lo da un trabajo: el respeto se lo gana cada uno.
Claro, eso es muy fácil decirlo... usted es maestro y además es el Águila Roja, pero yo soy... ¿qué soy yo? ...no consigo ser ni nada ni nadie en mi vida... Yo de lo único que me siento orgulloso es de ser su escudero, pero eso ni lo sabe nadie ni lo sabrá nadie nunca.
Pero lo sabes tú y eso debería bastarte.

[Conversación entre Sátur y Gonzalo en un capítulo de la serie Águila Roja]

miércoles, 8 de octubre de 2014

Janos posmodernos

Hay personas que están en primera división. Se divisan de lejos, como las montañas, los picos, los montes más o menos elevados. Son seres elevados, elegantes, admirados por muchos, correspondidos o no, aclamados, requeridos, reclamados, amados, envidiados incluso. Personas que pueden despertar tanta admiración como recelo; seres que miran hacia ambos lados de su perfil: ¡seres míticos! que son capaces de amar y temer al mismo tiempo: herméticos cuando quieren; afables y cercanos con quienes quieren. Seres que observan desde lo alto pero sin presunción, por estar en lo alto, en la cumbre de su pico y gravitando sobre su propio eje inalterable y reposado, asentado y firme, en equilibrio perfecto. Malabaristas del saber estar en el tiempo y del saber hacer en la forma. Oportunistas bien intencionados por saber hallar la ocasión perfecta para marcar el mejor gol. Alguna vez se les ha visto con otros seres de segunda o tercera división, haciendo creer que en sus mañas forman parte de la medianía, pero no se engañen: Fueron seres nacidos para la luz, como el resto de los mortales, y ahora son seres alentados para la luz que, lógicamente, proyectan mil sombras. 

sábado, 31 de mayo de 2014

Comunión de egos

Hace unos días le oí a alguien decir en una tertulia radiofónica que somos muy cicateros. Hablaban de lo mucho que nos cuesta reconocer los méritos ajenos... de lo mucho que nos cuesta verbalizar los afectos... esos reconocimientos escasos y habitualmente tardíos a los que estamos tan acostumbrados... "A ti te quería mucho", bueno, sí, ¿y qué? ya me lo podía haber dicho en vida... Amamos, apreciamos, valoramos discretamente y en silencio a muchas personas que tenemos cerca, pero por miedo a descubrir nuestra verdad, por miedo a parecer más vulnerables, nos cerramos, negamos la evidencia y le negamos al otro el privilegio de sentirse amado, comprendido, acariciado, correspondido... 
Una de las cosas de las que más me arrepentiría justo antes de morir (si es que puedo tener el privilegio de ser consciente, cuando llegue, de que me estoy muriendo) es de no haber dicho cuánto amé a las personas que amé, de no haber podido decir cuánto aprecié su cariño, su trabajo, la ternura y sensibilidad que orbitaban siempre a su alrededor...

Vivimos de migajas afectivas, como decían en la tertulia, somos excesivamente reticentes a decir las cosas agradables de los demás... y yo me pregunto, ¿tanto cuesta?
...