"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
Mostrando entradas con la etiqueta lucha de egos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lucha de egos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de abril de 2015

Lucha de egos 7 (Reprise)

    Siempre andaba como perdido, buscando el rastro mínimo de tierna falibilidad, el indicio concluyente 
de humanidad o torpe desenvoltura en sus interlocutores más queridos. Buscaba incansable   –en cada gesto inconsciente- para hallarse en otros.
     Se esforzaba por complacer y por agradar (aunque no fuese complacido ni agradecido). Le disgustaba no gustar (pero sabía que para gustos no hay nada escrito). Se esforzaba por quedar bien: felicitaba cada año a cada uno de los miembros de su familia, a cada amigo, conocido en la distancia (cumpleaños solo). Un escueto mensaje para recordarles que seguía ahí-vivo en la distancia. Que seguía ahí, felicitando sin que 
nada le hiciera verdaderamente feliz.  (...)

     Un día se cansó y dejó de felicitar para felicitarse el año que nunca llegaba. Dejó de escribir mensajes impostados y tiró el móvil por el balcón. 
Aquel día recobró la conciencia del paso del tiempo   
y de la vida toda.  

Pero nunca dejó de buscar.
Esta búsqueda -se decía- me redime.
...  [28.02.14.]

domingo, 1 de marzo de 2015

Lucha de egos 6 (Reprise)

Hay personalidades que son puro apropiacionismo: seres absorbentes y acaparadores que rara vez se dejan luego exprimir por otros.

También hay personas que procuran casi siempre no hacer visible su inmensa valía. Son profesionales que en raras ocasiones se dejan llevar por el halago fácil o el mamoneo histriónico de los acaparadores. 
Dentro de este grupo están los que a menudo fantasean con hacerse invisibles; los devastados por algún complejo de inferioridad mal curado...
(aquellos que sueñan con desaparecer y reaparecer solo para empezar de cero).
[24.01.14.]

lunes, 20 de octubre de 2014

Useless pretentions

While you wait for the others... to make it all worthwhile 
All your useless pretentions... are weighing on my time



While you wait on the answers... that I'll pretend to find 
Keeping up with emotions... still occupies our time
[...]

miércoles, 8 de octubre de 2014

Janos posmodernos

Hay personas que están en primera división. Se divisan de lejos, como las montañas, los picos, los montes más o menos elevados. Son seres elevados, elegantes, admirados por muchos, correspondidos o no, aclamados, requeridos, reclamados, amados, envidiados incluso. Personas que pueden despertar tanta admiración como recelo; seres que miran hacia ambos lados de su perfil: ¡seres míticos! que son capaces de amar y temer al mismo tiempo: herméticos cuando quieren; afables y cercanos con quienes quieren. Seres que observan desde lo alto pero sin presunción, por estar en lo alto, en la cumbre de su pico y gravitando sobre su propio eje inalterable y reposado, asentado y firme, en equilibrio perfecto. Malabaristas del saber estar en el tiempo y del saber hacer en la forma. Oportunistas bien intencionados por saber hallar la ocasión perfecta para marcar el mejor gol. Alguna vez se les ha visto con otros seres de segunda o tercera división, haciendo creer que en sus mañas forman parte de la medianía, pero no se engañen: Fueron seres nacidos para la luz, como el resto de los mortales, y ahora son seres alentados para la luz que, lógicamente, proyectan mil sombras. 

sábado, 28 de junio de 2014

Lucha de egos 10

"Ningún creador estuvo impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaron siempre el regalo que les ofrecía, ya que ese regalo destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su único móvil fue su verdad. Su propia verdad y su propio trabajo para concretarla a su manera: una sinfonía, un libro, una máquina, una filosofía, un aeroplano o un edificio; eso era su meta y su vida. No aquellos que escuchaban, leían, trabajaban, creían, volaban o habitaban lo que él realizaba. La creación, no sus usuarios. La creación, no los beneficios que otros recibían de ella. La creación que daba forma a su verdad. Él sostuvo su verdad por encima de todo y contra todos. Su visión, su fuerza, su valor, provenían de su espíritu. El espíritu de un hombre es, sin embargo, su ego, esa entidad que constituye su conciencia. Pensar, sentir, juzgar, obrar son funciones del ego.
Los creadores no son altruistas. Ese es todo el secreto de su poder. Son autosuficientes, auto inspirados, auto generados. Una causa primigenia, una fuente de energía, una fuerza vital, un primer motor original. El creador no se atiene a nada ni a nadie. Vive para sí mismo. (...) "

Ayn Rand: El Manantial, 1943. [Fragmento del alegato de Howard Roark]

martes, 1 de abril de 2014

Lucha de egos 9

Llegará la hora de decir "ya es la hora": el día en que comprendamos que no habrá más mañanas, ni más tiempo de descuento. Llegará todo y también todo pasará, como ya llegó y pasó para otros; como todas las vidas asumidas linealmente, sin curvas, ni baches desconcertantes... Llegará la hora y, por ahora, seguiremos todos los vivos percibiendo nuestra vida como una sucesión de genuinos acontecimientos dignos de mención y rememoración. Seguiremos pensando, reflexionando, creando, buscando nuevas fórmulas de manutención, entretenimiento y despilfarro. Nadie querrá comerse el tarro por cosas que no sean susceptibles de ser publicadas a los cuatro vientos, porque todos seremos guapos y altos y brindaremos por la conectividad y el mamoneo histriónico en la era de la revolución tecnológica y social.
(...) 
Pero también llegará la hora de los insomnes, de los despiertos, de los desvelados, de los ignorados, marginados, visionarios..., y serán legión. Se turnarán para despertar a todos los dormidos, a todos los indolentes de vidas lineales prefabricadas, etiquetadas y envasadas al vacío. 
(Ya lo hicieron en el cuento aquel; cuando llegue la hora de decir "ya es la hora").
...

lunes, 6 de enero de 2014

Interludio XI

A veces lo piensa; coge un periódico mal doblado y se sienta encima. No sabe muy bien cómo reaccionar ante la gente que está a su lado comiendo de más y bebiendo vino. No sabe cómo comportarse estos días ni de qué hablar, y a veces piensa que no sabe comportarse a secas. Por eso solo mira atónito a la gente que viene y va por las calles encendidas. Sin preguntar. Coge un periódico mal doblado y se sienta en la barra de una cafetería. No entiende muy bien de qué va el asunto de la navidad ni del año nuevo ni de las compras compulsivas de última hora. Sólo le han encargado un regalo, pero no consigue recordar para quién era.
(...)

lunes, 23 de diciembre de 2013

Lucha de egos V

Nunca vas a poder bailar al son que quieran los demás: siempre habrá gente que prefiera unos pasos en vez de otros; también estarán quienes pretendan que te quedes parado sin rechistar o quienes te obliguen a dar saltos como un tonto para llamar la atención. Habrá gente que prefiera un vals, otros optarán por unos pasos de salsa y otros querrán que les bailes un tango en condiciones… Mientras tanto, aturdido, terminarás por salir de la pista de baile pensando en todos los bailes que sabes bailar y en ese que te gusta tanto… Cogerás un espejo que refleje toda tu figura y, situándote delante, a pocos metros de distancia, comenzarás tu gran actuación. Ya sin público que aplauda cada uno de tus movimientos, contarás números despreocupado con los pies... Todo te resultará extrañamente fácil: un dejarse fluir en el tiempo estancado de la experiencia estética sin poses ni adornos. Ese tiempo detenido dará sentido a tanta lucha de egos cotidiana. Será como tu pequeño sitio de recreo, nieve y abismos incluidos. Y cuando de nuevo surja el conflicto y no sepas qué o con quién bailar, serás plenamente consciente de que podrás equivocarte con gusto y sin remordimientos.

* * *

lunes, 18 de noviembre de 2013

Lucha de egos IV (o Negando la muerte)

Hace poco leí que la ficción de eternidad en la que vivimos termina por volvernos locos. Más de uno me dirá que esto es bastante obvio, pero apenas se habla de ello últimamente. Como dije en otra ocasión, parece que en estas sociedades ultramodernas en las que nos movemos poco importa la muerte o demás “excepciones” en que se han convertido acontecimientos terriblemente habituales como la enfermedad, el despropósito o cualquier tipo de catástrofe natural. Nos hemos habituado a considerar que la vida permanece en una especie de despreocupada juventud, por todo lo que nos lanzan los medios, por todo lo que nos han enseñado desde niños, de un modo muy sutil y creo que sin querer... Seguimos considerando la muerte como un accidente, como algo evitable. Sí, sí, ya sé que muchos dirán que eso no es así, que la gente es plenamente consciente de que tarde o temprano va a morir en mejores o peores circunstancias, pero si esto fuera cierto creo que ya se habría desmontado hace tiempo este modelo de sociedad en el que vivimos basado precisamente en esa idea de eterna permanencia...

Uno de los motores del consumismo exacerbado (que no el único) es la negación de la propia muerte. Si viviésemos para siempre o durante una buena y prolongada temporada, tendríamos que cuidar más de nuestras “cosas”, de todas las pertenencias que hemos acumulado con el paso del tiempo (vivienda, coche, electrodomésticos, dispositivos móviles inteligentes...). Nos volveríamos más codiciosos, más competitivos y estaríamos constantemente necesitando nuevos artilugios para entretenernos... Lucharíamos con ímpetu por mantener a flote nuestro modus vivendi, por defender a capa y espada nuestra imagen social, nuestro prestigio y valía, nuestros logros profesionales y sentimentales... Todas nuestras responsabilidades se harían gigantescas. Cada grano de arena se convertiría en un saco de cemento, y todo lo pequeño cobraría dimensiones monstruosas… 
¿Les suena este panorama? 
Algo me dice que así es como nos quieren hacer ver la vida quienes realmente sostienen, defienden y promueven esta desajustada percepción de la realidad. Es la nueva religión inoculada desde no se sabe muy bien dónde y por no se sabe muy bien quién y de la que, desgraciadamente –o no–, casi todos somos partícipes.

jueves, 4 de julio de 2013

Lucha de egos (Tercera parte)

Se está lanzando un mensaje muy peligroso por parte de algunos “intelectuales”, economistas, predictólogos varios… Más o menos vienen a decir que, de aquí a unos años, sólo se salvarán de esta crisis los mejores, los más “preparados”, los más competitivos, listos y guapos… los más de lo más… 
¡CUIDADO, POR FAVOR! ¡NO HAGAN CASO! 
¡La mediocridad es la mayor y más potente de las realidades!! 
Por encima de todo debería estar nuestra dignidad como seres humanos, no como competidores, productores y consumidores feroces… 
¡La mediocridad existe, señores predictólogos, igual que existe la enfermedad, la incapacidad, la fatalidad, el despropósito y todas las normas que nos quieren hacer creer que son excepciones!

…Me parecería aberrante creer en una sociedad donde sólo tuvieran sitio los “mejores”.


martes, 8 de enero de 2013

Yo estuve allí y quiero que lo sepas



Cuántas cosas nos pasan que nadie sabe que pasan y qué poquito se habla de lo que verdaderamente importa... 
Hay gente que parece que sólo quiere espetarnos a todos, sin distinción, un: ¡Yo estuve allí y sólo quiero que lo sepas! 

(Qué triste y cuánto abunda…)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Lucha de egos (Segunda parte)

Observo con cierta pasividad el panorama que se nos presenta y preveo el que se nos impondrá en un futuro inmediato. Todos hablamos de crisis, de “la crisis”, y luego cada uno le añade un complemento que acote su significado. Dependiendo del lugar que ocupemos dentro de este sistema que parece desplomarse de un momento a otro (si es que se tiene la suerte de ocupar un lugar específico), sostendremos una opinión o su contraria, pero, cierto es que, conforme avanzan los acontecimientos, casi todo el mundo coincide en una visión pesimista de la realidad presente y de su consecuencia futura (al menos a medio plazo).

Observo también con bastante asombro, cómo muchas de esas personas que dicen verlo todo negro no vacilan a la hora de decidir qué hacer al respecto, (probablemente porque ni tan siquiera se lo plantean de un modo consciente). Siguen con sus vidas haciendo prácticamente lo mismo que hacían hace cuatro o cinco años, pero mostrando estar muy pero que muy enfadados con todo aquello que suene a crisis. Al fin y al cabo, todo depende, insisto, del lugar desde donde uno perciba los acontecimientos y de las funciones que desempeñe en la sociedad. No es lo mismo vivir la crisis con un salario mensual más o menos garantizado (más o menos recortado) que vivirla desde la indigencia absoluta o desde una indigencia camuflada. Por otro lado es lícito actuar así porque no deja de ser humano: uno puede tener una conciencia social más o menos acentuada pero, yéndonos al extremo, ante el dilema de dejarse morir para que otro viva o vivir para que otro muera, pocos eligen lo primero y supongo que esos pocos que a lo largo de la historia han tomado esta decisión no habrán podido dejar tanta descendencia como los que optaron por lo segundo. (Aparte quedan los que opinan que todos podemos vivir igual de bien por los siglos de los siglos, amén). Al fin y al cabo, parece que inevitablemente los asuntos humanos se vuelven a reducir a lo mismo: la lucha de egos (no necesariamente vivida de un modo “humanamente” consciente), piedra angular de la selección natural como cambio evolutivo de todo bicho viviente. Quien mantiene la ilusión de ser mejor de lo que en realidad es (ficción consustancial al ser humano), es quien tiene más opciones de sobrevivir y dejar descendencia en tiempos de crisis. Quien sostenga una visión de sí mismo algo más realista (la excepción que confirma la regla) tenderá a asumir ese pesimismo generalizado como propio, dejando que haga mella (inconscientemente) en su día a día, y, por tanto, restándole capacidades, fuerza y deseos de reproducirse (o de recrearse en otros). 

De todos modos, no creo que estas generalizaciones sean el reflejo de la realidad, porque lo más probable es que constituyan otra ficción verosímil aceptada comúnmente. Sin embargo, no deja de asombrarme el hecho de que prácticamente todos hemos estado (o estaremos) a lo largo de nuestra vida en uno u otro lado de la balanza, contando una u otra versión de los hechos, según sean las circunstancias que vivamos. Supongo que, después de todo, cada cual se convence de lo que quiere, y, como se suele decir: la vida sigue.


sábado, 9 de julio de 2011

Lucha de egos

No sé con exactitud si por fin se demostró científicamente que quienes escriben sus deseos son más propensos a alcanzarlos. El hecho es que, hoy en día, quien no escribe algo en la Red, -principalmente sobre sí mismo-, termina siendo invisible a los ojos de los demás (interesados o no en leer sus opiniones). Tres cuartas partes de un tercio de la Humanidad está deseosa de narrar sus experiencias diarias a través de las redes sociales. Del último tercio de las tres cuartas partes restantes sabemos bien poco, porque no se hace visible virtualmente o porque sencillamente no dispone de los medios para hacerlo. Es lo que se ha dado en llamar la brecha digital: unos cuantos tenemos acceso a múltiples medios de comunicación audiovisual, mientras que otros pocos apenas tienen recursos para vivir dignamente.

Dentro del grupo dotado de las últimas herramientas tecnológicas en comunicación e información, el colectivo más visible, y por ello el más numeroso (según las estimaciones puestas de moda en los últimos años), es aquel que utiliza asiduamente las redes sociales como medio para interactuar con otros internautas.
Tengo la sensación de que hoy en día se están devaluando las virtudes de lo privado. Ahora se escribe para todos y para nadie en concreto. Lo privado pasa a ser público de la manera más frívola porque se tiene el convencimiento de que, para que te presten un poco de atención, es imprescindible mostrar un detallado e interesante perfil de uno mismo. Dar información personal más o menos comprometida equivale a dejar una huella imperecedera en este caótico universo virtual, o lo que simbólicamente equivaldría a ser inmortal, (la información digital que dejamos es prácticamente imborrable). Por tanto, no es de extrañar que cada vez se haga más patente esta lucha de egos, donde todos queremos saber, hacer y tener más que el resto, pero donde nadie logra simplemente ser.