"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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lunes, 12 de enero de 2015

No one I think is in my tree

Estamos por debajo, fingiendo normalidad.
Legos, tramos en balde. Bandos y ataques desproporcionados abonan nuestros Campos de Fresas.

El remordimiento es estéril: 
(Esa es la Primera Lección). 

Todo lo demás será el tiempo que nos quede para dar el Gran Salto.

[...I mean it must be high or low... that is you can't you know tune in... But it's all right... that is I think it's not too bad...]

viernes, 5 de septiembre de 2014

Puerto Metafísico 14 (y último)

...Y vale más andar, aunque descaminado. No pudiendo moverse, uno siempre puede avanzar (en sus ideas, en sus interpretaciones, en sus propios aprendizajes). 
Hay personas que se buscan en la huida y personas que se pierden buscándose. Personas que buscan, como busca dirección la flecha, un destino al que unir el inicio de su trayectoria. 

Por vuestros frutos seréis reconocidos, pero por sus frutos jamás los conoceréis:
Un árbol con todas sus ramas astilladas puede volver a brotar; quizá no consiga dar frutos (maduros), pero será todo un ejemplo de fortaleza y amor.

"Multiplicada vida da la muerte. / Múltiples son los rayos de la aurora."

* * *

lunes, 9 de diciembre de 2013

Los riesgos de la infoxicación (Tercera parte)

Se veía venir. 
No hace falta saber demasiado: sólo con ser un poquito observador uno detecta el problema de lejos… 
Ahora lo llaman nomofobia, neologismo formado por la expresión no mobile phone phobia… En fin, hasta el nombre suena mal. Tener miedo a salir de casa sin el móvil, o a que se le agote la batería en el momento menos indicado, o a perderlo con todo su universo virtual dentro. Depender patológicamente de un aparatito que hasta hace bien poco sólo servía para llamar y mandar mensajes breves... Son los vicios del siglo XXI, las nuevas adicciones que se ceban en adolescentes inseguros y niños malcriados… Los nuevos yonquis de la realidad online. ¿Quién no se ha fijado en esos grupos de tres o cuatro chavalitos aparentemente majos que permanecen sentados en la mesa de un bar sin dirigirse la palabra? ...esos que únicamente miran a sus teléfonos móviles y toquetean compulsivamente la pantallita, entretenidos, -muy entretenidos-, en sus cosas virtuales. Me llama la atención el asunto. ¡Realmente es fascinante! Puedo imaginarme el futuro… (aunque no me interese). 
Esta nueva adicción, esta estúpida dependencia a un aparato portátil, ligero, que te informa y evade de todo, que consume energía, tiempo y dinero, está y seguirá estando socialmente aceptada porque es la inmensa mayoría (o esa minoría ruidosa) la que la padece. Así de simple. Todavía quedan algunos, bastantes, –me consta–, que conservan esos móviles con los que únicamente puedes llamar y enviar sms’; son los que se resisten a ser imbuidos por la manía de tener que estar permanentemente "disponibles" con la bombillita en verde… (¡eh!, sí, estoy aquí, ¡hazme caso que me aburro!). También los hay que, aun teniendo ese magnífico teléfono inteligente, son capaces de prescindir de él en determinadas ocasiones o, sencillamente, silenciarlo para ignorar por un tiempo que están permanentemente localizados y disponibles para entablar cualquier tipo de conversación con cualquier tipo de persona… (Brindo por ellos).

Se suele decir que el aparato en sí no es el culpable, sino el mal uso que se hace del mismo. Y es cierto, como todo, (o casi todo). Quizá el quid de la cuestión sea entender cuándo una persona es lo suficientemente madura emocional e intelectualmente para saberle dar un buen uso a algo potencialmente adictivo.
Probemos a enseñarle a fumar a un niño de nueve años y preguntémosle después de un tiempo si ha sabido darle buen uso a las cajetillas de tabaco que le hemos suministrado mensualmente… ¡Ah!, pero, no, claro: el tabaco en sí es malo, luego, no sirve como analogía. Probemos con otro objeto potencialmente adictivo... (Se admiten sugerencias).

* * *

domingo, 3 de noviembre de 2013

La vida es lo que haces mientras mueres

Abro una revista y leo: cómo rejuvenecer tu cerebro. Paso página y sigo: claves para rejuvenecer tu piel. Enciendo una pantalla y me aparece una fulana bien vestida y maquillada hablándome en clave. Suma y sigue. Anuncios en tres dimensiones, colores brillantes que ciegan, imágenes en movimiento que cautivan. La vida virtual se folla a la real y luego la devuelve en fragmentos desordenados. Jóvenes y guapas de cincuenta años. Vive y ama sin límites. Adorando el cambio pero permaneciendo joven. Deshazte de cada uno de los signos que te indiquen que estás envejeciendo: di NO a las arrugas, di NUNCA al cansancio. Todos juntos al unísono: ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! Piensa que a los hombres se les permite envejecer porque ellos han comprado el billete de ida con descuento para el de vuelta. En los hombres la arruga es bella y, como el vino, dicen que envejecen con clase, aunque en realidad es la mirada benevolente de la mujer lo que motiva esta percepción: ella troca el plomo en oro cuando está con él. La dictadura de los cánones estéticos promovida desde fuera y alimentada desde dentro. De fuera a dentro. Como siempre. De siempre, de ahora más que nunca. Vive y ama sin límites porque tienes la obligación, tú, mujer, de ser joven y guapa hasta la sepultura.

viernes, 12 de abril de 2013

Interludio V

[La hora naranja]















A veces deseamos reanudar el trayecto a solas, sin reflejarnos en nadie o sin que otros, 
-los mismos de siempre-, se reflejen en nosotros.
A veces deseamos partir de cero, soltar amarres, romper esos vínculos que nos anclan 
desde el día en que nacemos a un espacio habitado, a una idea preconcebida de algo que 
siempre ha estado y está ahí, apuntándonos con el dedo… 
Esos vínculos que marcan nuestro destino y nos retratan a través de un prisma abstruso… 
(espejos que nos devuelven una imagen fragmentada). 
Esos lazos que tejen nuestro destino, que nos amordazan para que no revelemos 
nuestra propia verdad.

Y los vínculos que ya no son: los que nos niega el azar.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Lucha de egos (Segunda parte)

Observo con cierta pasividad el panorama que se nos presenta y preveo el que se nos impondrá en un futuro inmediato. Todos hablamos de crisis, de “la crisis”, y luego cada uno le añade un complemento que acote su significado. Dependiendo del lugar que ocupemos dentro de este sistema que parece desplomarse de un momento a otro (si es que se tiene la suerte de ocupar un lugar específico), sostendremos una opinión o su contraria, pero, cierto es que, conforme avanzan los acontecimientos, casi todo el mundo coincide en una visión pesimista de la realidad presente y de su consecuencia futura (al menos a medio plazo).

Observo también con bastante asombro, cómo muchas de esas personas que dicen verlo todo negro no vacilan a la hora de decidir qué hacer al respecto, (probablemente porque ni tan siquiera se lo plantean de un modo consciente). Siguen con sus vidas haciendo prácticamente lo mismo que hacían hace cuatro o cinco años, pero mostrando estar muy pero que muy enfadados con todo aquello que suene a crisis. Al fin y al cabo, todo depende, insisto, del lugar desde donde uno perciba los acontecimientos y de las funciones que desempeñe en la sociedad. No es lo mismo vivir la crisis con un salario mensual más o menos garantizado (más o menos recortado) que vivirla desde la indigencia absoluta o desde una indigencia camuflada. Por otro lado es lícito actuar así porque no deja de ser humano: uno puede tener una conciencia social más o menos acentuada pero, yéndonos al extremo, ante el dilema de dejarse morir para que otro viva o vivir para que otro muera, pocos eligen lo primero y supongo que esos pocos que a lo largo de la historia han tomado esta decisión no habrán podido dejar tanta descendencia como los que optaron por lo segundo. (Aparte quedan los que opinan que todos podemos vivir igual de bien por los siglos de los siglos, amén). Al fin y al cabo, parece que inevitablemente los asuntos humanos se vuelven a reducir a lo mismo: la lucha de egos (no necesariamente vivida de un modo “humanamente” consciente), piedra angular de la selección natural como cambio evolutivo de todo bicho viviente. Quien mantiene la ilusión de ser mejor de lo que en realidad es (ficción consustancial al ser humano), es quien tiene más opciones de sobrevivir y dejar descendencia en tiempos de crisis. Quien sostenga una visión de sí mismo algo más realista (la excepción que confirma la regla) tenderá a asumir ese pesimismo generalizado como propio, dejando que haga mella (inconscientemente) en su día a día, y, por tanto, restándole capacidades, fuerza y deseos de reproducirse (o de recrearse en otros). 

De todos modos, no creo que estas generalizaciones sean el reflejo de la realidad, porque lo más probable es que constituyan otra ficción verosímil aceptada comúnmente. Sin embargo, no deja de asombrarme el hecho de que prácticamente todos hemos estado (o estaremos) a lo largo de nuestra vida en uno u otro lado de la balanza, contando una u otra versión de los hechos, según sean las circunstancias que vivamos. Supongo que, después de todo, cada cual se convence de lo que quiere, y, como se suele decir: la vida sigue.


domingo, 21 de octubre de 2012

Para ver necesitamos luz

La luz entra hasta el fondo del ojo. El cerebro interpreta los impulsos nerviosos que se han generado a través de las células fotosensibles de la retina. La luz se hace imagen. La imagen se hace estímulo, y el estímulo, impulso. El impulso se interpreta y la interpretación se hace consciente; entonces percibimos la realidad que se despliega ante nosotros. Asombroso: un proceso que se desarrolla de forma inconsciente, -como la mayor parte de los procesos orgánicos a los que nos vemos sometidos-, que pasa tan desapercibido, y que, sin embargo, es tan importante a la hora de interpretar el mundo tal y como se nos representa. Como ocurre la mayor parte de las veces, sólo comenzamos a valorar este tipo de mecanismos cuando se produce algún fallo o alguna anomalía en él. Es habitual no prestar atención a algo que funciona bien y sí hacerlo cuando deja de funcionar o funciona sólo a medias. Nuestra forma de interpretar el mundo es muy peculiar, casi tanto como nuestra manera de convertir la luz en imágenes. Mediante un minucioso proceso selectivo conseguimos filtrar unos estímulos más que otros. Diversas experimentaciones han podido verificar que prestamos mucha más atención a lo menos bueno que a lo menos malo. Nuestros recuerdos o asociaciones negativas poseen más preeminencia que las positivas, con lo que se necesita una cantidad considerable de voluntad para saber o aprender a apreciar lo positivo. Estamos diseñados para sobrevivir adaptándonos al entorno, aunque sea a costa de nuestra propia felicidad. Del mismo modo que para ver necesitamos luz, para conseguir prestar atención a lo menos malo hace falta una pequeña dosis diaria de buen humor y fuerza de voluntad.

lunes, 23 de enero de 2012

Reinventarse o morir

Pese a todos estos cambios vertiginosos a los que nos vemos sometidos en la actualidad, la Naturaleza nos vuelve a demostrar que el verdadero cambio nace de la monotonía; como una silenciosa repetición de frecuencias rítmicas constantes que se ve enriquecida cada cierto tiempo con unos golpes vigorosos que acentúan y fijan otra pauta de asimilación.
Debajo de cada cambio, sustancial en apariencia, subyace lo inalterable, la sustancia permanente que nos hace ser como somos, -y no otros. Cambiar en apariencia adaptándose a las circunstancias es sensato y necesario, pero pretender cambiar esa frecuencia rítmica constante y esencial es como pretender que nuestro corazón siga latiendo a golpe de martillazos.
"La vida hace los caracteres con su acción laboriosa, y también los modifica temporalmente, o los desfigura con la acción explosiva de un caso terrible y anormal. Un cobarde puede llegar hasta el heroísmo en momentos dados, y un avaro a la generosidad."