"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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lunes, 16 de junio de 2014
martes, 22 de abril de 2014
...a vueltas con el Azul
A. Machado (J. de Mairena: Sobre la objetividad)
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martes, 25 de marzo de 2014
[Se vende]
“Se vende pájaros”, dice. Dan ganas de llamar.
(Y llamo…)
– ¿Es ahí donde venden pájaros?
– No, aquí sólo vendemos sueños. Vuelva a marcar y le regalaremos la jaula.
(…)
martes, 4 de febrero de 2014
"Cuando aún creían que era medianoche, comenzaron a correr nubes plomizas por el cielo. Se destacaron sobre el horizonte las cimas de algunas montañas; las nubes oscuras se aclararon; más lejos fueron apareciendo otras nubes estratificadas, azules, como largos peces; se dibujaron de repente las siluetas de los riscos cercanos.
A lo lejos el paisaje parecía llano, y que terminaba en una sucesión de colinas.
El humo espeso y negro de la hoguera iba rasando la tierra y subía después en el aire, por la pared pedregosa del monte.
De pronto apareció sobre las largas nubes azules una estría roja, el horizonte se iluminó con resplandores de fuego, y por encima de las lejanas montañas el disco del sol miró a la tierra y la cubrió con la gloria y la magnificencia de los rayos de su inyectiva pupila. Los montes tomaron colores; el sol brilló en la superficie tersa y sin ondas de la laguna."
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miércoles, 23 de octubre de 2013
Contracorriente
De tanto remar contra corriente
se volvieron mis músculos de piedra
y ese exceso de peso
ha varado mi barca entre la arena.
[Josefina Verde: Con acento de lluvia, 1980]
viernes, 7 de junio de 2013
De frascos y fragancias
Observen estas imágenes. Cuatro rostros femeninos decorados para la ocasión y un único propósito: anunciar cuatro marcas de perfume mundialmente conocidas. Cada uno de estos modelos (si es que se tiene el convencimiento de que el modelo de rostro femenino debe presentar este aspecto) refleja lo que cualquier persona instruida o no en comunicación mediática podría identificar como un descarado y provocador deseo sexual. Las cuatro mujeres miran a cámara, -tal y como les dictan los retratistas publicitarios-, y abren la boca enseñando tímidamente los dientes... Sus perfiladas miradas, lejos de resultar cándidas y risueñas, apuntan y disparan contra el observador...
He escogido cuatro imágenes al azar de un sinfín de ellas, por tanto esto no es una excepción, es la norma que confirma la regla. Se anuncian perfumes femeninos a través de mujeres-objeto que se asimilan a los frascos de colonia de la tía Enriqueta. Se anuncian fragancias femeninas para que las compren mujeres de carne y hueso, (mujeres feas, listas, tontas, guapas, extravagantes, cojas, bajas, fuertes, altas, jóvenes, viejas, etc.), interpelando al público masculino heterosexual e indirectamente haciendo que el resto de mujeres interioricemos esta visión masculina como la más cercana a los cánones de belleza establecidos. De este modo, no sólo adoptamos patrones de preferencia estética similares a los de los hombres heterosexuales (principales interlocutores en el discurso audiovisual mundial), sino que terminamos asumiendo que oler bien está asociado a la belleza exclusiva de cuatro privilegiadas que con solo mirar a un hombre son capaces de comerse el mundo.
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jueves, 9 de mayo de 2013
Vive, luego olvida
Hace poco me tropecé con un eslogan publicitario de una marca de coche. En principio lo único que me llamó la atención fue eso, ni siquiera reparé en la apariencia del coche... Cuando lo visualicé por segunda vez comprendí que era un mensaje potente, más potente incluso que el coche en cuestión. El lema era el siguiente: CAPTURA LA VIDA. Un poco antes, una voz en off decía: …dvd’s, tarjetas de memoria, discos duros, la nube… Queremos guardar nuestra vida, pero antes de almacenar recuerdos, tienes que vivir…
Me llama la atención la proliferación de este tipo de anuncios. Lemas publicitarios que seducen a primera vista por la radicalidad de su contenido, cuando en realidad lo que presentan es un producto cotidiano como otro cualquiera. Se dan inferencias a menudo descabelladas: para disfrutar de la vida es imprescindible tener un coche con unas características determinadas que, paradójicamente, tienen bastante que ver con lo que los mismos publicistas consideran opuesto al hecho de vivir plenamente. Son contradicciones de esta vida ultramoderna, exigencias del guion...
Antes de almacenar recuerdos tienes que vivir;
tienes que hacerlo porque yo te lo ordeno,
y para conseguirlo necesitas este coche con conexión a Internet,
así no perderás detalle de lo que se cuece en la vida virtual,
esa que te impide vivir plenamente,
esa que te permite estar conectado aquí y ahora, sin límite…
Vivo, ergo olvido.
(Sin que me olviden)
Me llama la atención la proliferación de este tipo de anuncios. Lemas publicitarios que seducen a primera vista por la radicalidad de su contenido, cuando en realidad lo que presentan es un producto cotidiano como otro cualquiera. Se dan inferencias a menudo descabelladas: para disfrutar de la vida es imprescindible tener un coche con unas características determinadas que, paradójicamente, tienen bastante que ver con lo que los mismos publicistas consideran opuesto al hecho de vivir plenamente. Son contradicciones de esta vida ultramoderna, exigencias del guion...
Antes de almacenar recuerdos tienes que vivir;
tienes que hacerlo porque yo te lo ordeno,
y para conseguirlo necesitas este coche con conexión a Internet,
así no perderás detalle de lo que se cuece en la vida virtual,
esa que te impide vivir plenamente,
esa que te permite estar conectado aquí y ahora, sin límite…
Vivo, ergo olvido.
(Sin que me olviden)
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viernes, 30 de marzo de 2012
Una combinación dinámica
Cuando el rojo y el verde se combinan dentro de una composición estática, parecen moverse. Lo mismo ocurre con el rojo y el azul. Todos hemos jugado de pequeños con este efecto visual de contraste entre colores complementarios especialmente saturados; al menos yo recuerdo haberme detenido una y mil veces ante imágenes de estas características, donde el rojo se peleaba con el azul o con el verde y ambos no dejaban de parpadear hasta crear una mezcla violenta que conseguía marearme por completo… Constituían imágenes hipnóticas porque el contraste o la ausencia parcial de armonía termina siempre atrayendo nuestra mirada. Muchos publicistas han jugado con este efecto para hacer de los envoltorios de sus productos un objeto esencialmente estimulante y atrayente. En las estampas que nos brinda la cotidianidad a menudo también se aprecian estos contrastes cromáticos sorprendentemente bellos. Como muestra, un botón.
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viernes, 10 de junio de 2011
A vueltas con el violeta
Cuando era pequeña, me llamaba mucho la atención un anuncio que veía a menudo en las revistas que estaban por mi casa. Por aquel entonces, concretamente a finales de los 80, los niños no estábamos tan sometidos a los medios de comunicación como ahora, -principalmente porque internet aún no estaba al alcance de cualquiera-, y, quizá por eso, nuestra capacidad de imaginación estaba más a flor de piel, (digamos que éramos algo más inocentes o interpretábamos los acontecimientos que nos sobrevenían de un modo más ingenuo…) El caso es que, aquella imagen que me llamaba la atención consistía simplemente en una reproducción de un trozo de seda violeta rasgada en el centro, una abertura muy sutil que parecía evocarme la forma de un palillo, de hecho, cada vez que veía esa imagen creía que lo que se promocionaba era un palillo, o, en su defecto, algún tipo de producto de higiene personal. Tiempo después, descubrí que se trataba de una marca de tabaco.
Buceando en mi archivo personal de imágenes rescatadas del olvido, conseguí dar con ella. Ahora, al analizarla con algo más de perspectiva y objetividad, no dejo de acordarme del punto de vista infantil que malinterpretó el mensaje publicitario de esta marca comercial, y tampoco dejo de creer que la elección de este color violado para promocionar un tabaco es poco acertada. No obstante, resultó sin duda llamativa y original, pues a los niños no les llama la atención cualquier cosa.
Buceando en mi archivo personal de imágenes rescatadas del olvido, conseguí dar con ella. Ahora, al analizarla con algo más de perspectiva y objetividad, no dejo de acordarme del punto de vista infantil que malinterpretó el mensaje publicitario de esta marca comercial, y tampoco dejo de creer que la elección de este color violado para promocionar un tabaco es poco acertada. No obstante, resultó sin duda llamativa y original, pues a los niños no les llama la atención cualquier cosa.
jueves, 9 de junio de 2011
El hombre aislado y el hombre varado
Observen al hombre aislado de la imagen. Aproximen su mirada al hombre varado de la fotografía: ¿En qué se parecen? ¿Qué los diferencia?
El hombre aislado adquiere relevancia en el discurso visual al ocupar un mayor espacio dentro de la escena. Al hombre varado se le relega a un segundo plano, más allá de lo "real" representado (es un elemento accidental, postizo: un souvenir que alguien muestra a la cámara).
Ambos fijan su mirada hacia el mismo punto; el diálogo entre el modelo y el espectador se rompe: los personajes no miran al objetivo de la cámara, permanecen de perfil, impasibles, contemplando el horizonte... Tampoco podemos adivinar la expresión de sus rostros, solo advertimos sus siluetas, bien definidas por el contraste con el fondo.
Ambas representaciones conjugan la soledad del hombre con el paisaje marítimo: en una representación figura un escenario donde se reparan y construyen barcos, en otra, aparece una construcción extraña sobre la arena de la playa. En ambos casos predominan las tonalidades azuladas, provocando en el espectador una sensación de lejanía, de quietud, e incluso de frialdad. Aquí no caben interpretaciones cerradas. La fuerza visual de la repetición (el modelo duplicado, mirando hacia el mismo sitio) remarca la importancia que cobra el personaje dentro de la escena. Me inclino a pensar que ambos modelos simbolizan la espera firme y paciente del solitario, un hombre que, en su aparente quietud, aguarda la llegada de un bote que lo pueda trasladar a otro lugar. El hombre varado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a una isla; mientras que el hombre aislado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a tierra firme, para poder amarrarse de nuevo a la vida urbana de la que salió.
El hombre aislado adquiere relevancia en el discurso visual al ocupar un mayor espacio dentro de la escena. Al hombre varado se le relega a un segundo plano, más allá de lo "real" representado (es un elemento accidental, postizo: un souvenir que alguien muestra a la cámara).
Ambos fijan su mirada hacia el mismo punto; el diálogo entre el modelo y el espectador se rompe: los personajes no miran al objetivo de la cámara, permanecen de perfil, impasibles, contemplando el horizonte... Tampoco podemos adivinar la expresión de sus rostros, solo advertimos sus siluetas, bien definidas por el contraste con el fondo.
Ambas representaciones conjugan la soledad del hombre con el paisaje marítimo: en una representación figura un escenario donde se reparan y construyen barcos, en otra, aparece una construcción extraña sobre la arena de la playa. En ambos casos predominan las tonalidades azuladas, provocando en el espectador una sensación de lejanía, de quietud, e incluso de frialdad. Aquí no caben interpretaciones cerradas. La fuerza visual de la repetición (el modelo duplicado, mirando hacia el mismo sitio) remarca la importancia que cobra el personaje dentro de la escena. Me inclino a pensar que ambos modelos simbolizan la espera firme y paciente del solitario, un hombre que, en su aparente quietud, aguarda la llegada de un bote que lo pueda trasladar a otro lugar. El hombre varado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a una isla; mientras que el hombre aislado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a tierra firme, para poder amarrarse de nuevo a la vida urbana de la que salió.
miércoles, 8 de junio de 2011
Coloreando (Primera parte)
Hace no mucho tiempo leí en algún sitio que el color es básicamente emoción. Yo no sé hasta qué punto los colores que percibimos en nuestro día a día son pura emoción, pero es fácilmente demostrable que el color transmite estados emocionales. La percepción de un color es tremendamente subjetiva y por tanto, el significado que le demos a un matiz determinado no puede ser universal. Podríamos sobrevivir percibiendo la realidad únicamente en blanco y negro, -como hacen los tiburones-, sin embargo, nuestro sistema visual está diseñado para percibir los tres colores-luz (verde, rojo y azul) y sus múltiples combinaciones posibles. De ahí se puede extraer la conclusión de que la percepción que el ojo humano hace del universo cromático que le rodea no es ni mucho menos superflua o gratuita, más bien al contrario: termina siendo sustancial y juega un papel muy importante en nuestro bagaje emocional.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:
El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.

En estas dos imágenes se muestra claramente la ambivalencia simbólica del amarillo: por una parte, el color del oro, el destello luminoso, nos invita a contemplar un paisaje árido, inquietante, en que la silueta de un niño desnutrido imagina un plato vacío de comida; es la campaña de Manos Unidas contra el hambre: SU MAÑANA ES HOY, reza el texto que acompaña a la imagen. Por otra parte, el color de la riqueza y de la abundancia, nos invita a disfrutar de la vida bebiendo con moderación: ¡ENRÓLATE!, dice este anuncio de 1990, rescatado de mi archivo particular de imágenes…
5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:
El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.

5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.
(…el sol ilumina para unos pocos y quema para el resto…)
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