"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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viernes, 20 de marzo de 2015

[Donde nace la otra memoria]

        "Rompióse la bruma del silencio y la soledad y despertaron visiones olvidadas, al encontrarse la música del viento y de la lluvia con los muertos colores de los pájaros. Pareció abrirse, en medio de la rueda de pájaros, un redondel en el techo adonde retornaban todos los colores primitivos. Los mil verdes de las selvas, el banco de las cataratas; y, de la tierra de las zancudas, el rosa y ceniza de las marismas, con un sol rojo a flor de agua, temblando en la superficie limosa y sanguinolenta. Al pie de los morados y amarillos cañaverales, brillaba el limo negro de las orillas, tapizadas de pequeñas raíces serpenteantes, entre mil huellas de pájaros distintos. Volvían las blancas salinas de los estuarios, y los pájaros salineros que bucean con su largo pico en los fangales. Y el sol marino de las gaviotas y de los albatros, batiendo sobre un yermo de arena y caracolas. Volvía el azul de las ciudades de la tierra y las golondrinas enhebrando los arcos de las torres, cosiendo con los hilos de su vuelo, espadaña con espadaña. El viento abrió también un libro de plantas disecadas y se puso a pasar sus hojas. Las flores se mojaban y revivían, trepando por las paredes del salón, invadiéndolo todo, formando una espesa enramada, florida y llena de nidos de donde salían también pájaros que volaban hacia el redondel luminoso del techo.
Alfanhuí no hubiera sabido decir si en sus ojos había una tenebrosa soledad y en sus oídos un insondable silencio, porque aquella música y aquellos colores venían de la otra parte, de donde no viene nunca el conocimiento de las cosas; traspuesto el primer día, por detrás del último muro de la memoria, donde nace la otra memoria: la inmensa memoria de las cosas desconocidas."

martes, 22 de abril de 2014

...a vueltas con el Azul

"Que ese cielo azul que todos vemos -decía mi maestro- y al que todos llamamos azul produzca en cada uno de nosotros la misma sensación de azul, es algo improbable, y, desde luego, difícil de probar: Que el número de vibraciones del éter, que en el mundo físico corresponde a nuestra sensación de azul, sea el mismo para todos, es algo que, después de aceptado, en nada ahonda ni aumenta, ni disminuye, ni funda, ni suprime nuestra sensación de azul. Porque si la verdad es una, es una para cada uno. Y no veáis en esto que os digo la más leve contradicción. Vedla, en cambio, muy grave, en pensar más allá de cada uno una verdad igual para todos; porque sería la más arbitraria de todas las hipótesis. (...)"

A. Machado (J. de Mairena: Sobre la objetividad)

domingo, 3 de noviembre de 2013

La vida es lo que haces mientras mueres

Abro una revista y leo: cómo rejuvenecer tu cerebro. Paso página y sigo: claves para rejuvenecer tu piel. Enciendo una pantalla y me aparece una fulana bien vestida y maquillada hablándome en clave. Suma y sigue. Anuncios en tres dimensiones, colores brillantes que ciegan, imágenes en movimiento que cautivan. La vida virtual se folla a la real y luego la devuelve en fragmentos desordenados. Jóvenes y guapas de cincuenta años. Vive y ama sin límites. Adorando el cambio pero permaneciendo joven. Deshazte de cada uno de los signos que te indiquen que estás envejeciendo: di NO a las arrugas, di NUNCA al cansancio. Todos juntos al unísono: ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! Piensa que a los hombres se les permite envejecer porque ellos han comprado el billete de ida con descuento para el de vuelta. En los hombres la arruga es bella y, como el vino, dicen que envejecen con clase, aunque en realidad es la mirada benevolente de la mujer lo que motiva esta percepción: ella troca el plomo en oro cuando está con él. La dictadura de los cánones estéticos promovida desde fuera y alimentada desde dentro. De fuera a dentro. Como siempre. De siempre, de ahora más que nunca. Vive y ama sin límites porque tienes la obligación, tú, mujer, de ser joven y guapa hasta la sepultura.

viernes, 7 de junio de 2013

De frascos y fragancias

Adivina, adivinanza… 
Observen estas imágenes. Cuatro rostros femeninos decorados para la ocasión y un único propósito: anunciar cuatro marcas de perfume mundialmente conocidas. Cada uno de estos modelos (si es que se tiene el convencimiento de que el modelo de rostro femenino debe presentar este aspecto) refleja lo que cualquier persona instruida o no en comunicación mediática podría identificar como un descarado y provocador deseo sexual. Las cuatro mujeres miran a cámara, -tal y como les dictan los retratistas publicitarios-, y abren la boca enseñando tímidamente los dientes... Sus perfiladas miradas, lejos de resultar cándidas y risueñas, apuntan y disparan contra el observador...

He escogido cuatro imágenes al azar de un sinfín de ellas, por tanto esto no es una excepción, es la norma que confirma la regla. Se anuncian perfumes femeninos a través de mujeres-objeto que se asimilan a los frascos de colonia de la tía Enriqueta. Se anuncian fragancias femeninas para que las compren mujeres de carne y hueso, (mujeres feas, listas, tontas, guapas, extravagantes, cojas, bajas, fuertes, altas, jóvenes, viejas, etc.), interpelando al público masculino heterosexual e indirectamente haciendo que el resto de mujeres interioricemos esta visión masculina como la más cercana a los cánones de belleza establecidos. De este modo, no sólo adoptamos patrones de preferencia estética similares a los de los hombres heterosexuales (principales interlocutores en el discurso audiovisual mundial), sino que terminamos asumiendo que oler bien está asociado a la belleza exclusiva de cuatro privilegiadas que con solo mirar a un hombre son capaces de comerse el mundo.


jueves, 9 de mayo de 2013

Vive, luego olvida

Hace poco me tropecé con un eslogan publicitario de una marca de coche. En principio lo único que me llamó la atención fue eso, ni siquiera reparé en la apariencia del coche... Cuando lo visualicé por segunda vez comprendí que era un mensaje potente, más potente incluso que el coche en cuestión. El lema era el siguiente: CAPTURA LA VIDA. Un poco antes, una voz en off decía: …dvd’s, tarjetas de memoria, discos duros, la nube… Queremos guardar nuestra vida, pero antes de almacenar recuerdos, tienes que vivir…

Me llama la atención la proliferación de este tipo de anuncios. Lemas publicitarios que seducen a primera vista por la radicalidad de su contenido, cuando en realidad lo que presentan es un producto cotidiano como otro cualquiera. Se dan inferencias a menudo descabelladas: para disfrutar de la vida es imprescindible tener un coche con unas características determinadas que, paradójicamente, tienen bastante que ver con lo que los mismos publicistas consideran opuesto al hecho de vivir plenamente. Son contradicciones de esta vida ultramoderna, exigencias del guion... 


Antes de almacenar recuerdos tienes que vivir; 
tienes que hacerlo porque yo te lo ordeno, 
y para conseguirlo necesitas este coche con conexión a Internet, 
así no perderás detalle de lo que se cuece en la vida virtual, 
esa que te impide vivir plenamente, 
esa que te permite estar conectado aquí y ahora, sin límite… 

Vivo, ergo olvido. 


(Sin que me olviden)


viernes, 12 de abril de 2013

Interludio V

[La hora naranja]















A veces deseamos reanudar el trayecto a solas, sin reflejarnos en nadie o sin que otros, 
-los mismos de siempre-, se reflejen en nosotros.
A veces deseamos partir de cero, soltar amarres, romper esos vínculos que nos anclan 
desde el día en que nacemos a un espacio habitado, a una idea preconcebida de algo que 
siempre ha estado y está ahí, apuntándonos con el dedo… 
Esos vínculos que marcan nuestro destino y nos retratan a través de un prisma abstruso… 
(espejos que nos devuelven una imagen fragmentada). 
Esos lazos que tejen nuestro destino, que nos amordazan para que no revelemos 
nuestra propia verdad.

Y los vínculos que ya no son: los que nos niega el azar.

martes, 2 de abril de 2013

La luz refractada

"El género humano es una miríada de superficies refractivas que colorean el blanco resplandor de la eternidad.
Cada superficie refracta la refracción de las refracciones de las refracciones. 
Cada sí-mismo refracta las refracciones de las refracciones de los otros de las propias refracciones de las refracciones de los otros...
Hay en ello gloria y maravilla y misterio, y, sin embargo, harto a menudo deseamos simplemente ignorar o destruir aquellos puntos de vista que refractan la luz de un modo distinto del nuestro..." 
[VVAA: PERCEPCIÓN INTERPERSONAL, 1966] 

jueves, 7 de marzo de 2013

Una señal segura

Unos cuantos niños durante el tercer o cuarto curso de Educación Primaria manejábamos una antología de textos repleta de espléndidas ilustraciones a todo color. Nos estábamos familiarizando con la palabra escrita y su lectura en voz alta, pero la comprensión de aquellos textos iba ineludiblemente ligada a la lectura de la imagen que figuraba al lado de cada párrafo… Lo primero que acaparaba mi atención era el dibujo. Podía permanecer la mañana entera escudriñando cada trazo y cada matiz, mientras que al intrincado juego de descifrar un texto poco apetecible apenas le dedicaba unos segundos, (los necesarios para leer cuatro o cinco líneas en voz alta…). Años más tarde recordaría a la perfección muchas de esas imágenes pero sería incapaz de relacionarlas con texto alguno. Precisamente, una de esas imágenes imborrables consistía en una ilustración minuciosa en blanco y negro que mostraba una gran mansión deshabitada y sus alrededores… Resultaba chocante dar con aquella página sin colores brillantes, sin animales sonrientes ni princesas ni castillos ni bosques encantados… Tan solo un dibujo en blanco y negro enmarcado con una gruesa línea negra, y todo un mundo por descubrir… A veces jugaba a encontrar aquella página del libro con los ojos cerrados y cada vez que la encontraba, después de veinte intentos, me sorprendía al verla como la primera vez. Y buscaba, aunque ya conocía la solución al enigma, detalle a detalle, algo nuevo e inesperado. El humo de la chimenea fue revelador, pero no me detuve ahí. Con el paso del tiempo, una cosa me llevó a la otra, como en una novela de detectives, y al fin conseguí dar de la manera más inesperada con las Aventuras de La mano Negra, el libro que aglutina casi un centenar de imágenes similares a la de aquella antología de lecturas infantiles… 


- ¿Alondra se escribe con h o sin h? –murmuró. 

- Eso depende de si es gris o verde –contestó Adela, y se echó a reír.

- Yo, naturalmente, pienso en un pájaro como el de arriba, en el… ¡Caramba! ¡No es posible! – Rollo limpió el cristal de la ventana.

- ¿Qué no es posible? –preguntó Félix. 

- Que ahí enfrente viva alguien –contestó Rollo-, ¡pero si la casa está vacía desde hace tres años!

- Pero si todo el mundo sabe que en el chalé de enfrente sólo viven unas cuantas ratas -exclamó Kiki c. a.-. Mirad, las ventanas y las puertas están atrancadas.

-Déjame ver -Adela apretó la nariz contra los cristales de la ventana. Después de un rato dijo-: Yo creo que Rollo tiene razón, realmente en esa casa vive alguien.


domingo, 21 de octubre de 2012

Para ver necesitamos luz

La luz entra hasta el fondo del ojo. El cerebro interpreta los impulsos nerviosos que se han generado a través de las células fotosensibles de la retina. La luz se hace imagen. La imagen se hace estímulo, y el estímulo, impulso. El impulso se interpreta y la interpretación se hace consciente; entonces percibimos la realidad que se despliega ante nosotros. Asombroso: un proceso que se desarrolla de forma inconsciente, -como la mayor parte de los procesos orgánicos a los que nos vemos sometidos-, que pasa tan desapercibido, y que, sin embargo, es tan importante a la hora de interpretar el mundo tal y como se nos representa. Como ocurre la mayor parte de las veces, sólo comenzamos a valorar este tipo de mecanismos cuando se produce algún fallo o alguna anomalía en él. Es habitual no prestar atención a algo que funciona bien y sí hacerlo cuando deja de funcionar o funciona sólo a medias. Nuestra forma de interpretar el mundo es muy peculiar, casi tanto como nuestra manera de convertir la luz en imágenes. Mediante un minucioso proceso selectivo conseguimos filtrar unos estímulos más que otros. Diversas experimentaciones han podido verificar que prestamos mucha más atención a lo menos bueno que a lo menos malo. Nuestros recuerdos o asociaciones negativas poseen más preeminencia que las positivas, con lo que se necesita una cantidad considerable de voluntad para saber o aprender a apreciar lo positivo. Estamos diseñados para sobrevivir adaptándonos al entorno, aunque sea a costa de nuestra propia felicidad. Del mismo modo que para ver necesitamos luz, para conseguir prestar atención a lo menos malo hace falta una pequeña dosis diaria de buen humor y fuerza de voluntad.

viernes, 30 de marzo de 2012

Una combinación dinámica

Cuando el rojo y el verde se combinan dentro de una composición estática, parecen moverse. Lo mismo ocurre con el rojo y el azul. Todos hemos jugado de pequeños con este efecto visual de contraste entre colores complementarios especialmente saturados; al menos yo recuerdo haberme detenido una y mil veces ante imágenes de estas características, donde el rojo se peleaba con el azul o con el verde y ambos no dejaban de parpadear hasta crear una mezcla violenta que conseguía marearme por completo… Constituían imágenes hipnóticas porque el contraste o la ausencia parcial de armonía termina siempre atrayendo nuestra mirada. Muchos publicistas han jugado con este efecto para hacer de los envoltorios de sus productos un objeto esencialmente estimulante y atrayente. En las estampas que nos brinda la cotidianidad a menudo también se aprecian estos contrastes cromáticos sorprendentemente bellos. Como muestra, un botón.