"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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jueves, 6 de noviembre de 2014

Pena de ouïe

Pena Louïe, (paso pena de louïe...). ¿Sabes, Louïe? te echo de menos, Louïe. Un vacío aquí y otro allí, palabras, paseos sin ti... Pasará, (aunque quede aún tanto aquí). 
Y si vuelve a amanecer, no habrá nunca más un cielo de azul tan azul: azul de Louïe.
Y si vuelve a amanecer, no será en el mismo cielo de azul sobre azulazul de Louïe. 
Y por mucho amanecer, no veré ya el mismo cielo, azul contra azul: azul de Louïe.
Y vuelve a amanecer y me encuentro en otro cielo, no doy con su azul: azul de Louïe.
Y con cada amanecer me propongo un nuevo cielo, y pierdo el azul: azul de Louïe...


[Miguel Bosé: Azul de Louïe, del álbum Laberinto, 1995]

viernes, 10 de enero de 2014

Azul místico IX

Se alejó de la tela en blanco y fue a fumarse un cigarrillo al otro extremo del taller, se asomó a la ventana que daba a un patio interior por el que podía oírse en la radio de un vecino una canción de amor que hablaba insistentemente del azul del cielo. Decidió que el azar acababa de prestarle una ayuda y que sería el color azul el que predominaría en Puerto Metafísico. Pero le faltaba resolver todo lo demás, el resto del cuadro.
[…] 
Así fue como Julián dio por sentado que, abriéndose camino entre la intrincada maraña de su imaginación, el cuadro de Puerto Metafísico había comenzado felizmente a existir. Pero cuando fue a mirar de nuevo la tela en blanco, se dio cuenta de inmediato de que continuaba sin saber por dónde empezar. ¿Por el azul intenso del cielo? ¿Por un barco que atracaba en un puerto que no acertaba a imaginarse? Sin puerto, ni el cielo ni el barco tenían demasiado sentido. Hizo un último esfuerzo por imaginar el puerto y lo único que logró fue evocar imágenes del pasado que se estrellaron en su cabeza como aviones llovidos de un cielo intensamente azul. Entonces, se consoló diciéndose que aquél sin duda no era su día pero que no pasaba nada grave, ya que después de todo nadie iba a enterarse.

[E. Vila-Matas: El viaje vertical. Fragmento]

miércoles, 8 de junio de 2011

Coloreando (Segunda parte)

El azul es el color del espacio, del cielo y del mar. El color del pensamiento, de lo infinito. Es un color que inspira tranquilidad, confianza, sosiego y firmeza; transmite frescura y limpieza.
En esta imagen contemplamos el azul en el cuerpo de una mujer que sujeta un yogur desnatado, curiosamente de manzana… El desnudo azul de Eva, (inquietante simbiosis):

Coloreando (Primera parte)

Hace no mucho tiempo leí en algún sitio que el color es básicamente emoción. Yo no sé hasta qué punto los colores que percibimos en nuestro día a día son pura emoción, pero es fácilmente demostrable que el color transmite estados emocionales. La percepción de un color es tremendamente subjetiva y por tanto, el significado que le demos a un matiz determinado no puede ser universal. Podríamos sobrevivir percibiendo la realidad únicamente en blanco y negro, -como hacen los tiburones-, sin embargo, nuestro sistema visual está diseñado para percibir los tres colores-luz (verde, rojo y azul) y sus múltiples combinaciones posibles. De ahí se puede extraer la conclusión de que la percepción que el ojo humano hace del universo cromático que le rodea no es ni mucho menos superflua o gratuita, más bien al contrario: termina siendo sustancial y juega un papel muy importante en nuestro bagaje emocional.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:

El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.



En estas dos imágenes se muestra claramente la ambivalencia simbólica del amarillo: por una parte, el color del oro, el destello luminoso, nos invita a contemplar un paisaje árido, inquietante, en que la silueta de un niño desnutrido imagina un plato vacío de comida; es la campaña de Manos Unidas contra el hambre: SU MAÑANA ES HOY, reza el texto que acompaña a la imagen. Por otra parte, el color de la riqueza y de la abundancia, nos invita a disfrutar de la vida bebiendo con moderación: ¡ENRÓLATE!, dice este anuncio de 1990, rescatado de mi archivo particular de imágenes…

5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.

(…el sol ilumina para unos pocos y quema para el resto…)