"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
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miércoles, 8 de octubre de 2014

Janos posmodernos

Hay personas que están en primera división. Se divisan de lejos, como las montañas, los picos, los montes más o menos elevados. Son seres elevados, elegantes, admirados por muchos, correspondidos o no, aclamados, requeridos, reclamados, amados, envidiados incluso. Personas que pueden despertar tanta admiración como recelo; seres que miran hacia ambos lados de su perfil: ¡seres míticos! que son capaces de amar y temer al mismo tiempo: herméticos cuando quieren; afables y cercanos con quienes quieren. Seres que observan desde lo alto pero sin presunción, por estar en lo alto, en la cumbre de su pico y gravitando sobre su propio eje inalterable y reposado, asentado y firme, en equilibrio perfecto. Malabaristas del saber estar en el tiempo y del saber hacer en la forma. Oportunistas bien intencionados por saber hallar la ocasión perfecta para marcar el mejor gol. Alguna vez se les ha visto con otros seres de segunda o tercera división, haciendo creer que en sus mañas forman parte de la medianía, pero no se engañen: Fueron seres nacidos para la luz, como el resto de los mortales, y ahora son seres alentados para la luz que, lógicamente, proyectan mil sombras. 

sábado, 31 de mayo de 2014

Comunión de egos

Hace unos días le oí a alguien decir en una tertulia radiofónica que somos muy cicateros. Hablaban de lo mucho que nos cuesta reconocer los méritos ajenos... de lo mucho que nos cuesta verbalizar los afectos... esos reconocimientos escasos y habitualmente tardíos a los que estamos tan acostumbrados... "A ti te quería mucho", bueno, sí, ¿y qué? ya me lo podía haber dicho en vida... Amamos, apreciamos, valoramos discretamente y en silencio a muchas personas que tenemos cerca, pero por miedo a descubrir nuestra verdad, por miedo a parecer más vulnerables, nos cerramos, negamos la evidencia y le negamos al otro el privilegio de sentirse amado, comprendido, acariciado, correspondido... 
Una de las cosas de las que más me arrepentiría justo antes de morir (si es que puedo tener el privilegio de ser consciente, cuando llegue, de que me estoy muriendo) es de no haber dicho cuánto amé a las personas que amé, de no haber podido decir cuánto aprecié su cariño, su trabajo, la ternura y sensibilidad que orbitaban siempre a su alrededor...

Vivimos de migajas afectivas, como decían en la tertulia, somos excesivamente reticentes a decir las cosas agradables de los demás... y yo me pregunto, ¿tanto cuesta?
...

miércoles, 7 de mayo de 2014

Enredados e infoxicados, pero no conectados

La apariencia polifacética de una vida puede traducirse en un sinfín de acciones mejor o peor rematadas. En los gustos dispares y dispersos de una persona también se refleja esta multiplicidad de puntos de vista, (tan pronto te puede apetecer bailar una samba como correr los cien metros lisos). La vida se enriquece de este modo hasta límites insospechados. (Tienes la información a un clic, tienes dinero, tienes algo de tiempo: ¡HAZLO!). Uno no se cierra a nada ni a nadie y tampoco sostiene ideas extremas, rígidas o inflexibles sobre corrientes estético-artísticas en boga o en decadencia; sobre estilos, filosofías de vida, preferencias gastronómicas… (quizá porque no sepa o no tenga motivos suficientes para querer saber), lo cual tampoco impide que se forme un criterio firme de las cosas que mentalmente frecuenta, (de lo conveniente e inconveniente, lo justo, lo injusto, lo bello, lo feo...). Pero al final siempre tiende a correr el riesgo de disiparse entre tanta neblina plurisociocultural y tanta multiociosidad fluorescente. Es así: Vivimos en una sociedad que fomenta la dispersión y la diversión mediante el enredo visual y virtual y la infoxicación a secas. Todos lo vemos, pero pocos se atreven a nadar contracorriente y elegir otras formas, otras vías, otros cauces. (...Lo llaman amor cuando quieren decir sexo). Sí, la consigna lanzada es siempre la misma: "no es la tecnología, es el uso que se le da". Cierto, y ante este razonamiento nada se puede objetar: es el uso, siempre el uso, (como todo). No es el libro lo que te otorga ciertos conocimientos, es su lectura; y no es la lectura sola, es una lectura pausada y atenta; y no es solo eso...  Pero lo cierto es lo que vemos (¿no?). Y vemos que ya no se habla de tú a tú, sino de mí a tu yo lejano que vive pendiente de una máquina... La empatía no surge por arte de birlibirloque: la empatía ha de trabajarse. Hasta cierto punto puede ser cuestión de sensibilidades, pero también de educación. Sin empatía nunca habrá una verdadera conexión interpersonal. Y la empatía se pierde cuando dejamos de mirar a los ojos de nuestro interlocutor para vernos reflejados en esa pantalla que nos facilita tanto la vida...

lunes, 23 de diciembre de 2013

Lucha de egos V

Nunca vas a poder bailar al son que quieran los demás: siempre habrá gente que prefiera unos pasos en vez de otros; también estarán quienes pretendan que te quedes parado sin rechistar o quienes te obliguen a dar saltos como un tonto para llamar la atención. Habrá gente que prefiera un vals, otros optarán por unos pasos de salsa y otros querrán que les bailes un tango en condiciones… Mientras tanto, aturdido, terminarás por salir de la pista de baile pensando en todos los bailes que sabes bailar y en ese que te gusta tanto… Cogerás un espejo que refleje toda tu figura y, situándote delante, a pocos metros de distancia, comenzarás tu gran actuación. Ya sin público que aplauda cada uno de tus movimientos, contarás números despreocupado con los pies... Todo te resultará extrañamente fácil: un dejarse fluir en el tiempo estancado de la experiencia estética sin poses ni adornos. Ese tiempo detenido dará sentido a tanta lucha de egos cotidiana. Será como tu pequeño sitio de recreo, nieve y abismos incluidos. Y cuando de nuevo surja el conflicto y no sepas qué o con quién bailar, serás plenamente consciente de que podrás equivocarte con gusto y sin remordimientos.

* * *

lunes, 9 de diciembre de 2013

Los riesgos de la infoxicación (Tercera parte)

Se veía venir. 
No hace falta saber demasiado: sólo con ser un poquito observador uno detecta el problema de lejos… 
Ahora lo llaman nomofobia, neologismo formado por la expresión no mobile phone phobia… En fin, hasta el nombre suena mal. Tener miedo a salir de casa sin el móvil, o a que se le agote la batería en el momento menos indicado, o a perderlo con todo su universo virtual dentro. Depender patológicamente de un aparatito que hasta hace bien poco sólo servía para llamar y mandar mensajes breves... Son los vicios del siglo XXI, las nuevas adicciones que se ceban en adolescentes inseguros y niños malcriados… Los nuevos yonquis de la realidad online. ¿Quién no se ha fijado en esos grupos de tres o cuatro chavalitos aparentemente majos que permanecen sentados en la mesa de un bar sin dirigirse la palabra? ...esos que únicamente miran a sus teléfonos móviles y toquetean compulsivamente la pantallita, entretenidos, -muy entretenidos-, en sus cosas virtuales. Me llama la atención el asunto. ¡Realmente es fascinante! Puedo imaginarme el futuro… (aunque no me interese). 
Esta nueva adicción, esta estúpida dependencia a un aparato portátil, ligero, que te informa y evade de todo, que consume energía, tiempo y dinero, está y seguirá estando socialmente aceptada porque es la inmensa mayoría (o esa minoría ruidosa) la que la padece. Así de simple. Todavía quedan algunos, bastantes, –me consta–, que conservan esos móviles con los que únicamente puedes llamar y enviar sms’; son los que se resisten a ser imbuidos por la manía de tener que estar permanentemente "disponibles" con la bombillita en verde… (¡eh!, sí, estoy aquí, ¡hazme caso que me aburro!). También los hay que, aun teniendo ese magnífico teléfono inteligente, son capaces de prescindir de él en determinadas ocasiones o, sencillamente, silenciarlo para ignorar por un tiempo que están permanentemente localizados y disponibles para entablar cualquier tipo de conversación con cualquier tipo de persona… (Brindo por ellos).

Se suele decir que el aparato en sí no es el culpable, sino el mal uso que se hace del mismo. Y es cierto, como todo, (o casi todo). Quizá el quid de la cuestión sea entender cuándo una persona es lo suficientemente madura emocional e intelectualmente para saberle dar un buen uso a algo potencialmente adictivo.
Probemos a enseñarle a fumar a un niño de nueve años y preguntémosle después de un tiempo si ha sabido darle buen uso a las cajetillas de tabaco que le hemos suministrado mensualmente… ¡Ah!, pero, no, claro: el tabaco en sí es malo, luego, no sirve como analogía. Probemos con otro objeto potencialmente adictivo... (Se admiten sugerencias).

* * *

domingo, 3 de noviembre de 2013

La vida es lo que haces mientras mueres

Abro una revista y leo: cómo rejuvenecer tu cerebro. Paso página y sigo: claves para rejuvenecer tu piel. Enciendo una pantalla y me aparece una fulana bien vestida y maquillada hablándome en clave. Suma y sigue. Anuncios en tres dimensiones, colores brillantes que ciegan, imágenes en movimiento que cautivan. La vida virtual se folla a la real y luego la devuelve en fragmentos desordenados. Jóvenes y guapas de cincuenta años. Vive y ama sin límites. Adorando el cambio pero permaneciendo joven. Deshazte de cada uno de los signos que te indiquen que estás envejeciendo: di NO a las arrugas, di NUNCA al cansancio. Todos juntos al unísono: ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! ¡SIEMPRE JOVEN Y GUAPA! Piensa que a los hombres se les permite envejecer porque ellos han comprado el billete de ida con descuento para el de vuelta. En los hombres la arruga es bella y, como el vino, dicen que envejecen con clase, aunque en realidad es la mirada benevolente de la mujer lo que motiva esta percepción: ella troca el plomo en oro cuando está con él. La dictadura de los cánones estéticos promovida desde fuera y alimentada desde dentro. De fuera a dentro. Como siempre. De siempre, de ahora más que nunca. Vive y ama sin límites porque tienes la obligación, tú, mujer, de ser joven y guapa hasta la sepultura.

viernes, 12 de abril de 2013

Interludio V

[La hora naranja]















A veces deseamos reanudar el trayecto a solas, sin reflejarnos en nadie o sin que otros, 
-los mismos de siempre-, se reflejen en nosotros.
A veces deseamos partir de cero, soltar amarres, romper esos vínculos que nos anclan 
desde el día en que nacemos a un espacio habitado, a una idea preconcebida de algo que 
siempre ha estado y está ahí, apuntándonos con el dedo… 
Esos vínculos que marcan nuestro destino y nos retratan a través de un prisma abstruso… 
(espejos que nos devuelven una imagen fragmentada). 
Esos lazos que tejen nuestro destino, que nos amordazan para que no revelemos 
nuestra propia verdad.

Y los vínculos que ya no son: los que nos niega el azar.

martes, 2 de abril de 2013

La luz refractada

"El género humano es una miríada de superficies refractivas que colorean el blanco resplandor de la eternidad.
Cada superficie refracta la refracción de las refracciones de las refracciones. 
Cada sí-mismo refracta las refracciones de las refracciones de los otros de las propias refracciones de las refracciones de los otros...
Hay en ello gloria y maravilla y misterio, y, sin embargo, harto a menudo deseamos simplemente ignorar o destruir aquellos puntos de vista que refractan la luz de un modo distinto del nuestro..." 
[VVAA: PERCEPCIÓN INTERPERSONAL, 1966] 

martes, 8 de enero de 2013

Yo estuve allí y quiero que lo sepas



Cuántas cosas nos pasan que nadie sabe que pasan y qué poquito se habla de lo que verdaderamente importa... 
Hay gente que parece que sólo quiere espetarnos a todos, sin distinción, un: ¡Yo estuve allí y sólo quiero que lo sepas! 

(Qué triste y cuánto abunda…)

sábado, 9 de julio de 2011

Lucha de egos

No sé con exactitud si por fin se demostró científicamente que quienes escriben sus deseos son más propensos a alcanzarlos. El hecho es que, hoy en día, quien no escribe algo en la Red, -principalmente sobre sí mismo-, termina siendo invisible a los ojos de los demás (interesados o no en leer sus opiniones). Tres cuartas partes de un tercio de la Humanidad está deseosa de narrar sus experiencias diarias a través de las redes sociales. Del último tercio de las tres cuartas partes restantes sabemos bien poco, porque no se hace visible virtualmente o porque sencillamente no dispone de los medios para hacerlo. Es lo que se ha dado en llamar la brecha digital: unos cuantos tenemos acceso a múltiples medios de comunicación audiovisual, mientras que otros pocos apenas tienen recursos para vivir dignamente.

Dentro del grupo dotado de las últimas herramientas tecnológicas en comunicación e información, el colectivo más visible, y por ello el más numeroso (según las estimaciones puestas de moda en los últimos años), es aquel que utiliza asiduamente las redes sociales como medio para interactuar con otros internautas.
Tengo la sensación de que hoy en día se están devaluando las virtudes de lo privado. Ahora se escribe para todos y para nadie en concreto. Lo privado pasa a ser público de la manera más frívola porque se tiene el convencimiento de que, para que te presten un poco de atención, es imprescindible mostrar un detallado e interesante perfil de uno mismo. Dar información personal más o menos comprometida equivale a dejar una huella imperecedera en este caótico universo virtual, o lo que simbólicamente equivaldría a ser inmortal, (la información digital que dejamos es prácticamente imborrable). Por tanto, no es de extrañar que cada vez se haga más patente esta lucha de egos, donde todos queremos saber, hacer y tener más que el resto, pero donde nadie logra simplemente ser.