Pero, ¿qué se gana siendo más rápido?
Supongo que los lentos o menos rápidos estamos especializados en restar. Sabemos que para llegar a conocer algo necesitamos tiempo y una dosis más o menos elevada de concentración, que sería imposible alcanzar mediante la multitarea o exceso de ruido informativo. También somos conscientes de que menos es más: sabemos que nuestro tiempo es limitado y, por tanto, experimentamos a diario los beneficios de la renuncia. Intuimos que nuestra atención es un recurso escaso, y precisamente por eso, huimos de la sobrecarga informativa.
Hay gente que puede vivir creyendo que la suma, además de acumulativa, es ilimitada. Los que no hacen más que correr, los que ganan en esta sociedad gobernada por la prisa y la acumulación de objetos y datos, son sin duda los más fuertes pero también los menos libres.
"A finales de 1876, el profesor Franz Boll (1849-1879) descubrió que la capa externa de la retina posee un color púrpura. Halló que esta superficie se blanqueaba al ser expuesta a la luz, pero retomaba su color original en la oscuridad. Este color púrpura, que Boll llamó sehpurpur (púrpura del ojo), desaperece inmediatamente después de la muerte"
sábado, 12 de mayo de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
Azul místico I

Frío, retroceso, pasividad, debilidad, pensamiento, verdad, cielo, mar, altura, profundidad, devoción, inocencia...
Cuando me preguntaban qué color era mi favorito, siempre contestaba que el azul, (hubo un tiempo en que estaba muy de moda entre las niñas el azul turquesa…). Con el paso de los años me decanté por el cyan porque era un término más rimbombante. Luego lo volví a llamar azul a secas. Ahora me detengo ante el azul cobalto y le guiño un ojo. Me sigue encantando el azul, pero cada día me aproximo más al naranja:
su complementario.
viernes, 6 de abril de 2012
Interludio I
"A menudo me pregunto si todos no llevamos dentro una especie de instinto canino casi criminal. Va diluido en esa violencia que se huele, que transpira en la piel cuando estamos con el coche en una calle atascada, hasta otras actitudes en apariencia más sutiles e inofensivas, aunque no por ello menos crueles. Por ejemplo: cuando ante nosotros tenemos a una persona muy tímida que rehúsa permanentemente nuestra mirada. Entonces, y creo que esto le ocurre a bastante gente, nos sentimos súbitamente insuflados de una seguridad rayana en la insolencia. Olvidamos nuestra propia timidez y, viendo al otro más débil que nosotros, nos cebamos en él demostrando o queriendo demostrar una firmeza de carácter que no es real. Aquella frase tan importante en la historia de Roma, ¡Ay de los vencidos!, adquiere en la vida cotidiana, y sin que apenas nos demos cuenta, unas proporciones monstruosas."
(Recuerdo cuando lo leí, y lo anoté, hace ya mucho tiempo. En determinadas ocasiones me viene a la mente, como una extraña melodía pegadiza a la que no consigo poner letra...)
viernes, 30 de marzo de 2012
Una combinación dinámica
Cuando el rojo y el verde se combinan dentro de una composición estática, parecen moverse. Lo mismo ocurre con el rojo y el azul. Todos hemos jugado de pequeños con este efecto visual de contraste entre colores complementarios especialmente saturados; al menos yo recuerdo haberme detenido una y mil veces ante imágenes de estas características, donde el rojo se peleaba con el azul o con el verde y ambos no dejaban de parpadear hasta crear una mezcla violenta que conseguía marearme por completo… Constituían imágenes hipnóticas porque el contraste o la ausencia parcial de armonía termina siempre atrayendo nuestra mirada. Muchos publicistas han jugado con este efecto para hacer de los envoltorios de sus productos un objeto esencialmente estimulante y atrayente. En las estampas que nos brinda la cotidianidad a menudo también se aprecian estos contrastes cromáticos sorprendentemente bellos. Como muestra, un botón.
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jueves, 15 de marzo de 2012
El exceso de información atrofia la intuición
La intuición puede ser considerada un engaño. A menudo los juicios pausados y analíticos adquieren mayor credibilidad que nuestras primeras impresiones sobre un hecho concreto que nos atañe, quizá porque esas impresiones puedan ser fruto de nuestros miedos más irracionales o de nuestra falta de experiencia en determinadas parcelas de la realidad.
Normalmente, las buenas intuiciones están avaladas por la experiencia precedente de quien intuye. Cuanto mayor sea la pericia de alguien en un determinado campo de acción, mayor relevancia tendrán las intuiciones relativas a ese ámbito. Cuando la experiencia es insuficiente, las intuiciones pueden estar fundadas en una serie de filias y fobias entrelazadas que quizá no se ajusten del todo a la realidad.
En este punto hay que diferenciar la experiencia acumulada del exceso informativo al que nos sometemos en la actualidad.
La información está ahí para que la asimilemos, -o no-, mientras que la experiencia implica haber vivido, sentido, conocido, aprehendido una realidad más o menos compleja. No obstante, a través de diversos medios informativos podemos llegar a hacernos una idea más o menos aproximada sobre una realidad no vivida, de ahí que a menudo se confunda experimentar un hecho con informarse acerca de ese hecho en concreto. Ni mucho menos es lo mismo, pero, gracias al poder que ejerce sobre nosotros nuestra capacidad empática, frecuentemente experimentamos como propias vivencias ajenas, y sentimos a través de los demás, incluso a través de múltiples pantallas.
Cuando el exceso de datos bloquea nuestra intuición, sucede justamente lo contrario a lo que sucedería si en vez de datos tuviésemos un cúmulo de experiencias vitales. Esta impresión es reveladora:
En este punto hay que diferenciar la experiencia acumulada del exceso informativo al que nos sometemos en la actualidad.
La información está ahí para que la asimilemos, -o no-, mientras que la experiencia implica haber vivido, sentido, conocido, aprehendido una realidad más o menos compleja. No obstante, a través de diversos medios informativos podemos llegar a hacernos una idea más o menos aproximada sobre una realidad no vivida, de ahí que a menudo se confunda experimentar un hecho con informarse acerca de ese hecho en concreto. Ni mucho menos es lo mismo, pero, gracias al poder que ejerce sobre nosotros nuestra capacidad empática, frecuentemente experimentamos como propias vivencias ajenas, y sentimos a través de los demás, incluso a través de múltiples pantallas.
Cuando el exceso de datos bloquea nuestra intuición, sucede justamente lo contrario a lo que sucedería si en vez de datos tuviésemos un cúmulo de experiencias vitales. Esta impresión es reveladora:
Para tomar una decisión correcta necesitamos tan solo una buena razón y no muchas.
A veces ignorar parte de la información ayuda a acertar.
lunes, 23 de enero de 2012
Reinventarse o morir
Pese a todos estos cambios vertiginosos a los que nos vemos sometidos en la actualidad, la Naturaleza nos vuelve a demostrar que el verdadero cambio nace de la monotonía; como una silenciosa repetición de frecuencias rítmicas constantes que se ve enriquecida cada cierto tiempo con unos golpes vigorosos que acentúan y fijan otra pauta de asimilación.
Debajo de cada cambio, sustancial en apariencia, subyace lo inalterable, la sustancia permanente que nos hace ser como somos, -y no otros. Cambiar en apariencia adaptándose a las circunstancias es sensato y necesario, pero pretender cambiar esa frecuencia rítmica constante y esencial es como pretender que nuestro corazón siga latiendo a golpe de martillazos.
"La vida hace los caracteres con su acción laboriosa, y también los modifica temporalmente, o los desfigura con la acción explosiva de un caso terrible y anormal. Un cobarde puede llegar hasta el heroísmo en momentos dados, y un avaro a la generosidad."
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sábado, 9 de julio de 2011
Lucha de egos
No sé con exactitud si por fin se demostró científicamente que quienes escriben sus deseos son más propensos a alcanzarlos. El hecho es que, hoy en día, quien no escribe algo en la Red, -principalmente sobre sí mismo-, termina siendo invisible a los ojos de los demás (interesados o no en leer sus opiniones). Tres cuartas partes de un tercio de la Humanidad está deseosa de narrar sus experiencias diarias a través de las redes sociales. Del último tercio de las tres cuartas partes restantes sabemos bien poco, porque no se hace visible virtualmente o porque sencillamente no dispone de los medios para hacerlo. Es lo que se ha dado en llamar la brecha digital: unos cuantos tenemos acceso a múltiples medios de comunicación audiovisual, mientras que otros pocos apenas tienen recursos para vivir dignamente.
Dentro del grupo dotado de las últimas herramientas tecnológicas en comunicación e información, el colectivo más visible, y por ello el más numeroso (según las estimaciones puestas de moda en los últimos años), es aquel que utiliza asiduamente las redes sociales como medio para interactuar con otros internautas.
Tengo la sensación de que hoy en día se están devaluando las virtudes de lo privado. Ahora se escribe para todos y para nadie en concreto. Lo privado pasa a ser público de la manera más frívola porque se tiene el convencimiento de que, para que te presten un poco de atención, es imprescindible mostrar un detallado e interesante perfil de uno mismo. Dar información personal más o menos comprometida equivale a dejar una huella imperecedera en este caótico universo virtual, o lo que simbólicamente equivaldría a ser inmortal, (la información digital que dejamos es prácticamente imborrable). Por tanto, no es de extrañar que cada vez se haga más patente esta lucha de egos, donde todos queremos saber, hacer y tener más que el resto, pero donde nadie logra simplemente ser.
Dentro del grupo dotado de las últimas herramientas tecnológicas en comunicación e información, el colectivo más visible, y por ello el más numeroso (según las estimaciones puestas de moda en los últimos años), es aquel que utiliza asiduamente las redes sociales como medio para interactuar con otros internautas.Tengo la sensación de que hoy en día se están devaluando las virtudes de lo privado. Ahora se escribe para todos y para nadie en concreto. Lo privado pasa a ser público de la manera más frívola porque se tiene el convencimiento de que, para que te presten un poco de atención, es imprescindible mostrar un detallado e interesante perfil de uno mismo. Dar información personal más o menos comprometida equivale a dejar una huella imperecedera en este caótico universo virtual, o lo que simbólicamente equivaldría a ser inmortal, (la información digital que dejamos es prácticamente imborrable). Por tanto, no es de extrañar que cada vez se haga más patente esta lucha de egos, donde todos queremos saber, hacer y tener más que el resto, pero donde nadie logra simplemente ser.
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viernes, 10 de junio de 2011
Los riesgos de la infoxicación
Hace poco cayó en mis manos un pequeño artículo titulado: ¿Estás infoxicada? Me detuve a leerlo porque me llamó poderosamente la atención este neologismo: INFOXICACIÓN, formado por las palabras información e intoxicación. Más o menos venía a decir que nuestra capacidad de consumir y asimilar información es limitada, al igual que nuestra atención, y por tanto, al estar sobreexpuestos a una cantidad ingente de datos derivados de los múltiples medios audiovisuales que tenemos a nuestra disposición corremos el riesgo de padecer estrés y ansiedad informativa, es decir, corremos el riesgo de necesitar estar permanentemente conectados a esos medios de información que nos saturan de datos, y, lo que es peor, de no poder asimilar esa información con coherencia y detenimiento.
Ante estas situaciones cada vez más frecuentes de infoxicación, en un contexto cada vez más virtual, deberíamos plantearnos seriamente la importancia que tiene hoy en día la educación mediática. No soy de los que creen que es preciso educar en los nuevos medios para plantarles cara u oponerse a ellos, sino para saberlos manejar con madurez, moderación y coherencia. En este asunto, como en la mayoría concernientes a la educación, no se puede imponer un único modelo para todos los alumnos, porque cada uno de nosotros tenemos una forma muy particular de asimilar la información (no solo proveniente de los medios digitales, sino de cualquier canal comunicativo) y porque no a todos nos sienta bien tomar la misma dosis de información al día. Es preciso poner el acento en la diversidad de modos de entender la vida, de asimilar conceptos y emociones, y de realizar acciones. Pretender que, con una educación mediática pertinente, tanto niños como adultos acabemos siendo expertos en el dominio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación es como pretender que con un buen entrenamiento diario acabemos siendo todos –tanto niños como adultos- deportistas de elite. Es necesario, e incluso imprescindible, educar en los nuevos medios, pero también hay que saber cuándo es pertinente dejar de insistir en el uso de la herramienta digital para evitar el abuso que de ella se puede llegar hacer, en un contexto ya de por sí infoxicado.
A vueltas con el violeta
Cuando era pequeña, me llamaba mucho la atención un anuncio que veía a menudo en las revistas que estaban por mi casa. Por aquel entonces, concretamente a finales de los 80, los niños no estábamos tan sometidos a los medios de comunicación como ahora, -principalmente porque internet aún no estaba al alcance de cualquiera-, y, quizá por eso, nuestra capacidad de imaginación estaba más a flor de piel, (digamos que éramos algo más inocentes o interpretábamos los acontecimientos que nos sobrevenían de un modo más ingenuo…) El caso es que, aquella imagen que me llamaba la atención consistía simplemente en una reproducción de un trozo de seda violeta rasgada en el centro, una abertura muy sutil que parecía evocarme la forma de un palillo, de hecho, cada vez que veía esa imagen creía que lo que se promocionaba era un palillo, o, en su defecto, algún tipo de producto de higiene personal. Tiempo después, descubrí que se trataba de una marca de tabaco.
Buceando en mi archivo personal de imágenes rescatadas del olvido, conseguí dar con ella. Ahora, al analizarla con algo más de perspectiva y objetividad, no dejo de acordarme del punto de vista infantil que malinterpretó el mensaje publicitario de esta marca comercial, y tampoco dejo de creer que la elección de este color violado para promocionar un tabaco es poco acertada. No obstante, resultó sin duda llamativa y original, pues a los niños no les llama la atención cualquier cosa.
Buceando en mi archivo personal de imágenes rescatadas del olvido, conseguí dar con ella. Ahora, al analizarla con algo más de perspectiva y objetividad, no dejo de acordarme del punto de vista infantil que malinterpretó el mensaje publicitario de esta marca comercial, y tampoco dejo de creer que la elección de este color violado para promocionar un tabaco es poco acertada. No obstante, resultó sin duda llamativa y original, pues a los niños no les llama la atención cualquier cosa.
jueves, 9 de junio de 2011
El hombre aislado y el hombre varado
Observen al hombre aislado de la imagen. Aproximen su mirada al hombre varado de la fotografía: ¿En qué se parecen? ¿Qué los diferencia?
El hombre aislado adquiere relevancia en el discurso visual al ocupar un mayor espacio dentro de la escena. Al hombre varado se le relega a un segundo plano, más allá de lo "real" representado (es un elemento accidental, postizo: un souvenir que alguien muestra a la cámara).
Ambos fijan su mirada hacia el mismo punto; el diálogo entre el modelo y el espectador se rompe: los personajes no miran al objetivo de la cámara, permanecen de perfil, impasibles, contemplando el horizonte... Tampoco podemos adivinar la expresión de sus rostros, solo advertimos sus siluetas, bien definidas por el contraste con el fondo.
Ambas representaciones conjugan la soledad del hombre con el paisaje marítimo: en una representación figura un escenario donde se reparan y construyen barcos, en otra, aparece una construcción extraña sobre la arena de la playa. En ambos casos predominan las tonalidades azuladas, provocando en el espectador una sensación de lejanía, de quietud, e incluso de frialdad. Aquí no caben interpretaciones cerradas. La fuerza visual de la repetición (el modelo duplicado, mirando hacia el mismo sitio) remarca la importancia que cobra el personaje dentro de la escena. Me inclino a pensar que ambos modelos simbolizan la espera firme y paciente del solitario, un hombre que, en su aparente quietud, aguarda la llegada de un bote que lo pueda trasladar a otro lugar. El hombre varado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a una isla; mientras que el hombre aislado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a tierra firme, para poder amarrarse de nuevo a la vida urbana de la que salió.
El hombre aislado adquiere relevancia en el discurso visual al ocupar un mayor espacio dentro de la escena. Al hombre varado se le relega a un segundo plano, más allá de lo "real" representado (es un elemento accidental, postizo: un souvenir que alguien muestra a la cámara).
Ambos fijan su mirada hacia el mismo punto; el diálogo entre el modelo y el espectador se rompe: los personajes no miran al objetivo de la cámara, permanecen de perfil, impasibles, contemplando el horizonte... Tampoco podemos adivinar la expresión de sus rostros, solo advertimos sus siluetas, bien definidas por el contraste con el fondo.
Ambas representaciones conjugan la soledad del hombre con el paisaje marítimo: en una representación figura un escenario donde se reparan y construyen barcos, en otra, aparece una construcción extraña sobre la arena de la playa. En ambos casos predominan las tonalidades azuladas, provocando en el espectador una sensación de lejanía, de quietud, e incluso de frialdad. Aquí no caben interpretaciones cerradas. La fuerza visual de la repetición (el modelo duplicado, mirando hacia el mismo sitio) remarca la importancia que cobra el personaje dentro de la escena. Me inclino a pensar que ambos modelos simbolizan la espera firme y paciente del solitario, un hombre que, en su aparente quietud, aguarda la llegada de un bote que lo pueda trasladar a otro lugar. El hombre varado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a una isla; mientras que el hombre aislado quizá espere la llegada de un barco que le lleve a tierra firme, para poder amarrarse de nuevo a la vida urbana de la que salió.
miércoles, 8 de junio de 2011
Coloreando (Segunda parte)
El azul es el color del espacio, del cielo y del mar. El color del pensamiento, de lo infinito. Es un color que inspira tranquilidad, confianza, sosiego y firmeza; transmite frescura y limpieza.
Coloreando (Primera parte)
Hace no mucho tiempo leí en algún sitio que el color es básicamente emoción. Yo no sé hasta qué punto los colores que percibimos en nuestro día a día son pura emoción, pero es fácilmente demostrable que el color transmite estados emocionales. La percepción de un color es tremendamente subjetiva y por tanto, el significado que le demos a un matiz determinado no puede ser universal. Podríamos sobrevivir percibiendo la realidad únicamente en blanco y negro, -como hacen los tiburones-, sin embargo, nuestro sistema visual está diseñado para percibir los tres colores-luz (verde, rojo y azul) y sus múltiples combinaciones posibles. De ahí se puede extraer la conclusión de que la percepción que el ojo humano hace del universo cromático que le rodea no es ni mucho menos superflua o gratuita, más bien al contrario: termina siendo sustancial y juega un papel muy importante en nuestro bagaje emocional.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:
El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.

En estas dos imágenes se muestra claramente la ambivalencia simbólica del amarillo: por una parte, el color del oro, el destello luminoso, nos invita a contemplar un paisaje árido, inquietante, en que la silueta de un niño desnutrido imagina un plato vacío de comida; es la campaña de Manos Unidas contra el hambre: SU MAÑANA ES HOY, reza el texto que acompaña a la imagen. Por otra parte, el color de la riqueza y de la abundancia, nos invita a disfrutar de la vida bebiendo con moderación: ¡ENRÓLATE!, dice este anuncio de 1990, rescatado de mi archivo particular de imágenes…
5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.
Por tanto, aunque la apreciación del color no pueda estandarizarse, sí se han hecho a lo largo del tiempo diversas asociaciones simbólicas entre un color y un elemento de la naturaleza, o se le han dado distintos significados a un color, dependiendo de la emoción que despierta su visualización o de la impresión subjetiva que nos transmite:
El amarillo es el color del sol, de la luz y de la intuición que nos ilumina en un breve espacio de tiempo. Es el color del oro, de la riqueza y de la abundancia. Nos transmite fuerza, poder y energía, y nos procura placer. Sin embargo, también es el color de la envidia, de la ira y la traición. En ocasiones se le asocia con la mala suerte, sobre todo en el contexto teatral.

5.30 AM. Bali. A tiempo de ver salir el sol. No he conocido a nadie que se ría más que mi amigo Ratji, el pescador. Pícaro, parlanchín y amigo de cualquiera que ponga ojos de escuchar. Me sirve una copa de Cutty Sark y me señala el amanecer. Descalzo, ceremonioso, empieza a bailar. Mientras, el sol se levanta y le bendice.
(…el sol ilumina para unos pocos y quema para el resto…)
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